domingo, 19 de noviembre de 2017

Clave Número Siete La Resurrección - en you tube -

CLAVE NÚMERO SIETE
La Resurrección

A través de las eras, a los discípulos se les ha enseñado que el Grado de la Resurrección marca la culminación del Sendero de la Iniciación. Señala igualmente el definitivo triunfo de la vida sobre la muerte. Los antiguos decían que los hombres conocen sólo la muerte, mientras que los dioses conocen sólo la metamorfosis. La transmutación de la muerte en vida eterna se realiza en el Grado de la Resurrección.

Cristo, el sublime indicador del Sendero de la Iniciación, dejó Sus vestiduras en la tumba vacía para simbolizar la supremacía y autoridad del espíritu sobre una personalidad limitada y asociada sólo con la encarnación física.

A los discípulos avanzados de los antiguos Misterios - y a los verdaderos discípulos de nuestros días - se les enseña a tender conscientemente un puente sobre el aparente abismo entre la vigilia y el sueño, entre vida y muerte. San Pablo se refiere a esta consecución cuando dice que el último enemigo a vencer por el hombre es la muerte, un estado de conciencia que caracteriza a los avanzados que caminan por el sendero de la Iluminación. Esto será una herencia común de la raza al final del presente Período Terrestre, ya que en la conquista final de la muerte, el espíritu se libera del peso de la mortalidad.

Los cristianos místicos reconocen que el Gólgota es un acontecimiento histórico y, a la vez, un proceso anual, y que continuará siéndolo hasta que un número suficiente de personas se hayan "cristizado" para llevar a cabo la labor redentora. Mientras Cristo continúa Su servicio cíclico, innumerables seres celestiales le otorgan su reverencia y adoración en alegres hosannas. Y, en respuesta, Él entona las mayestáticas palabras: "Todo poder me ha sido conferido en los cielos y en la Tierra".

Los Misterios Menores alcanzan su clímax en el Grado de la Resurrección.

Los Grandes Misterios (los de Cristo) introducen un grado más elevado con el Rito de la Ascensión. Quienes alcanzan este grado son capaces de seguir a Cristo hasta Su propio hogar, el Mundo del Espíritu de Vida, el plano de la exaltada unidad expresada por Cristo al decir: "Yo y mi Padre somos uno". Este estado fue alcanzado por los discípulos el día de Pentecostés. Algún día será alcanzado por toda la Humanidad mediante el primero de los Grandes Misterios, establecidos por Cristo durante Su estancia en la Tierra. Repitiendo: El nivel alcanzado por la Humanidad al final de presente Período Terrestre corresponderá al trabajo del primer Misterio Mayor o Primera Iniciación Crística. Cuando los discípulos manifestaron su poder en Pentecostés, se convirtieron en hombres-dioses.

El trabajo de la segunda de las Grandes Iniciaciones se manifestará por la Humanidad durante el siguiente Período, el de Júpiter, cuando ambos, hombre y Planeta trasciendan el estado físico de la materia. Entonces funcionarán en vehículos etéricos y las condiciones terrenas serán similares a las que existían en el Jardín del Edén. Ya no habrá enfermedades, vejez ni muerte. Habiéndose incorporado al vehículo etérico superior las esencias del cuerpo físico del hombre, el primero se habrá convertido en un instrumento extremadamente sensible, con posibilidades mucho más allá de nuestra actual comprensión. Su mente estará tan espiritualizada que manifestará el poder innato de Dios, habilitándole para trabajar con la vida, tal como ésta se expresa actualmente en el reino vegetal. Este poder está siendo usado actualmente por los ángeles para crear y hacer posible el crecimiento en los seres de naturaleza vegetal. Será igualmente capaz el hombre de transmitir imágenes de su propia mente a la conciencia de los demás de modo que, si está describiendo determinada escena, su oyente verá una reproducción exacta de la misma. Quienes están siendo instruidos por los seres angélicos saben ya que el desarrollo de la conciencia pictórica es una parte esencial de sus enseñanzas.

Con el Rito de la Asunción, la Virgen María fue elevada a vivir con los ángeles. En la maravillosa belleza de su etérico hogar, ella posee las facultades que prevalecerán durante el Período de Júpiter. Es, por tanto, el perfecto modelo para el discípulo de la Segunda Iniciación Cristiana, y para toda la Humanidad, durante el siguiente Período.

Mediante la tercera de las Grandes Iniciaciones, un alma a ella exaltada adquiere poderes y capacidades que no serán conocidas por la Humanidad hasta que concluya el Período de Venus. En ese avanzado estado de desarrollo el cuerpo de deseos del hombre será perfecto. Las esencias espirituales, tanto del cuerpo físico como del etérico se habrán incorporado a un vehículo aún más tenue, mientras que el deseo se convertirá en luz. Literalmente el hombre vivirá, se moverá y tendrá su ser en un cuerpo de luz. Durante el Período de Júpiter el hombre desarrollará la conciencia pictórica, como hemos dicho. Pero durante el Período de Venus se hará capaz de imprimir vida en esas imágenes.

San Juan, el amado, es el perfecto modelo de la Humanidad del Período de Venus y del discípulo que traspasa la Tercera Iniciación de Cristo. Por eso Juan, el modelo Venusiano, es el discípulo que llegó más cerca del amante corazón de Cristo.

Su maravilloso Evangelio es una declaración inigualable sobre el ilimitado poder del amor.

Durante el Período de Vulcano, que corresponde a la cuarta de las Grandes Iniciaciones (de Cristo), el hombre alcanzará la divina perfección. Las esencias espirituales de sus cuerpos físico, etérico y de deseos serán incorporadas al vehículo mental, de modo que entonces poseerá "esta mente que estuvo también en Cristo Jesús". Esta fuerza creadora de vida se enfocará en el corazón, el centro del amor. Su laringe se convertirá en un órgano de creación, mediante el poder de la palabra hablada. Y así la generación será exaltada hasta la re-generación. Cristo mismo es el modelo del hombre perfecto del Período de Vulcano. Él es también el primer Iniciado en pasar a las glorias de la cuarta y última de las Grandes Iniciaciones. Y a este exaltado estado final se refería David, un alto iniciado de la Dispensación del Antiguo Testamento en sus inspiradas palabras:

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
El ser humano para que lo visites?.
Lo hiciste poco menos que un dios,
Lo coronaste de gloria y dignidad.
(Salmos 8:4-5)

(1) En el original se relacionan sólo diez centros o chakras, aunque en el párrafo anterior se habla de doce. Y ello, bien por error, bien por no querer insistir en los centros bajo el diafragma, peligrosos si se despiertan prematuramente.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS

Sintonizados con el ritmo de los doce - en you tube -


QUINTA PARTE

EL CICLO ANUAL CON CRISTO

CAPÍTULO XL

SINTONIZADOS CON EL RITMO DE LOS DOCE

En los momentos actuales, sólo muy pocas personas tienen una comprensión espiritual de las fiestas eclesiásticas comúnmente celebradas. Aunque la iglesia de Roma y la iglesia de Inglaterra celebran muchas de estas festividades, su significado interno se perdió hace largo tiempo. Como se ha dicho en los volúmenes anteriores de la Interpretación de la Biblia para la Nueva Edad, el Misterio Cristiano del Templo está situado en los éteres, sobre la ciudad de Jerusalén. Es en esa elevada y sagrada área en la que tales fiestas tienen su origen y allí es donde continúan celebrándose con todo su esplendor y majestad. Durante su observancia se derrama sobre la tierra un poder espiritual dinámico. Éste es uno de los muchos canales empleados por Cristo para la espiritualización del Planeta.

Octubre - Noviembre - Diciembre

Cuando el Sol entra en Libra, lo cual anuncia la llegada de octubre, la dorada fuerza de Cristo pasa a los planos terrestres, ya que empieza de nuevo, este sublime Ser, Su anual sacrificio, acontecimiento denominado la Crucifixión Cósmica. A ello se refiere San Pablo en Romanos 8:22 al decir: "Sabemos bien que hasta el presente la humanidad entera sigue lanzando un gemido universal con los dolores de su parto". En esta época del Equinoccio de Otoño un discípulo debe renovar su decisión de caminar por el sendero del Señor, a despecho de las vicisitudes y obstáculos que le salgan al paso.

Durante el mes de noviembre, la fuerza de Cristo impregna al cuerpo de deseos de la Tierra. Entonces el discípulo debe esforzarse por purificar su naturaleza inferior con el fin de ayudar al Gran Uno en Su trabajo de limpiar la envoltura astral de la Tierra. Debe, especialmente, intentar convertirse en un canal de servicio más eficiente, como Auxiliar Invisible y como auxiliar visible.

Durante los primeros días de la manifestación humana, una parte del trabajo realizado por la Jerarquía de Escorpio, que preside el mes zodiacal de noviembre, consistió en despertar el Ego del hombre, ayudándole así a completar su individualización. Durante el estadio presente de la humana evolución, el discípulo, trabajando bajo la jurisdicción de los Señores de la Individualidad (Libra) y los Señores de la Forma (Escorpio), aprende a transformar la presunción en humildad y a sacrificar el "Yo" personal al impersonal "nosotros"; en otras palabras, a vivir el ideal de el mayor bien para el mayor número.

La época de Adviento se extiende a lo largo del mes de diciembre y se la conoce como el Festival de la Luz. Los impulsos espirituales de la estación preparan a la Humanidad para el derramamiento de fuerzas celestiales que acompañan al renacimiento anual del Cristo Cósmico en nuestra esfera terrestre. Al Adviento le sigue el Solsticio de Invierno, que tiene lugar entre el 21 y el 24, y que culmina en el gran Festival del 25 de diciembre. La Navidad ha de seguir siendo una observancia externa para el aspirante hasta que Cristo nazca en su interior. Y en el grado en que experimente ese despertar, será capaz de participar en el elevado éxtasis espiritual de la más sagrada de las estaciones.

Enero - Febrero

Los Doce Días Santos comienzan el 26 de diciembre y tienen su clímax el 6 de enero con la Fiesta de la Epifanía. Esta fiesta conmemora la llegada de los tres Hombres Sabios con sus ricos presentes para el Niño en el pesebre. En el Sendero del Discipulado, la Fiesta de la Epifanía significa la triple dedicación del discípulo de su espíritu, su alma y su cuerpo, acompañados de regalos de amor, vida y servicio, al Cristo Niño. La influencia espiritual de esta fiesta se extiende a todo el mes de enero. Durante el mismo, el discípulo intenta cultivar esos atributos espirituales y hacerlos patentes mediante una más profunda dedicación a Cristo.

En febrero empieza una preparación especial para la estación Cuaresmal, cuando el aspirante experimenta disciplinas específicas para ir haciendo al espíritu el elemento más importante de cada pensamiento, palabra y obra. La palabra febrero viene del latín Februarius, nombre dado a la fiesta romana de la Purificación que se celebraba el día decimoquinto del segundo mes del año. Durante los primeros días de febrero la iglesia celebra igualmente la Fiesta de la Purificación como trabajo inicial de la época de Cuaresma. Un discípulo místico cristiano la observa como tiempo de triple purificación, tratando de purificar su cuerpo físico con los alimentos más puros; su cuerpo de deseos mediante actos virtuosos; y su cuerpo mental mediante castos pensamientos y palabras de verdad.

Estas disciplinas son a guisa de preparación para la gran transmutación que es el momento culminante de cada observancia anual. Tanto la mente como el cuerpo del aspirante han de sensibilizarse, si ha de tomar parte en el derramamiento extático de esta celebración cósmica. Por eso la iglesia bendice los cirios que se emplearán durante el año siguiente. Para un cristiano místico las velas simbolizan la "luz del mundo", el bendito Cristo. En la Cuaresma se consagra a sí mismo de nuevo al servicio de Cristo y se esfuerza por ser portador de la luz que, según San Pablo, está también en el propio Cristo.

Marzo - Abril - Mayo

La resurrección cósmica tiene lugar en Marzo, cuando el Espíritu de Cristo se libera de la esfera terrestre y pasa a los planos espirituales más elevados. Las Jerarquías, tanto de Aries como de Piscis, se unen a los ángeles y arcángeles en la triunfante celebración de este acontecimiento. El ritmo de su himno cósmico fue plasmado por Händel en su Alleluja. Los ceremoniales precristianos que celebraban el regreso de la primavera y la victoria de la luz sobre las tinieblas estaban también sintonizados con esos mismos ritmos.

El Equinoccio de Primavera es para el discípulo uno de los puntos culminantes del año. Sus notas clave son la libertad y la emancipación, que conducen a una vida más extensa. Es también el tiempo en el que el Cristo Cósmico queda libre de los grilletes que Lo han mantenido esclavo durante los meses del invierno. Así que es el momento más propicio para que un discípulo avanzado rompa los lazos que le atan y penetre en la gozosa libertad del espíritu.

La iglesia celebra la fiesta eclesiástica de la Anunciación en marzo, cuando la naturaleza celebra también el festival cósmico de la Anunciación, pues hay una íntima relación entre el hombre y la naturaleza. La naturaleza es Dios en manifestación. El hombre es un dios en formación. Por ello uno refleja al otro. Los rituales más santos observados por el hombre están sintonizados con los cambios de estación. Los poetas cantan alabando al santo espíritu de la primavera mientras el esplendor verde y oro de la naturaleza evidencia que las retornantes fuerzas de la vida responden en triunfo al impulso cósmico de la resurrección.

Un seguidor avanzado del Sendero comprende que ha llegado el momento de fundir el dolor y las lágrimas de su vida personal (Piscis) con las fuerzas transformadoras de Aries. Si así lo hace, se une al imponente coro, respondido, como un eco, por ángeles y arcángeles, y que canta: "Cristo ha resucitado porque Cristo ha nacido en mí".

A abril se le denomina el mes de la resurrección. Y es entonces cuando las fuerzas que surgen de nuevo, alcanzan su culminación y la naturaleza se convierte en una gloriosa sinfonía de belleza y color.

El Viernes Santo es el día más santo para el cristiano místico. Los cristianos ortodoxos lo celebran con penitencia y luto porque sus pensamientos están centrados en los sufrimientos y en la crucifixión del Salvador. Los cristianos místicos, sin embargo, lo celebran con un profundo gozo y agradecimiento internos porque indica la liberación del Señor tras el medio año de encarcelamiento en los límites físicos de la Tierra, y Su ascensión triunfal a mundos más elevados. Comprenden que Su sacrificio y Su Resurrección son un servicio redentor por la Humanidad, un servicio que no terminará nunca hasta que la Humanidad, como un todo, sea espiritualmente libre.

Cuando Cristo asciende ese día santo, los planos internos toman la apariencia de una masa fundida de refulgente oro. En la leyenda del Santo Grial, se les enseña a los caballeros que el Viernes Santo desciende del cielo una paloma para rellenar la sagrada copa con el agua de la vida, para que puedan así los caballeros recibir alimento espiritual a lo largo del año siguiente. Y así es como el Señor, en Su Ascensión, va derramando Su amor y Su mismo Espíritu para alimentar todo ser viviente sobre el plano terrenal. Si no fuese por ese suministro anual, el trigo no produciría grano ni las vides darían fruto. A la luz de este hecho se puede ver que Cristo expresó literalmente una profunda verdad cuando, durante la última Cena, dijo a Sus discípulos: " Esto (el pan) es mi cuerpo que será entregado por vosotros... Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre, que es derramada por vosotros".

Participando del sagrado Rito de la Eucaristía en Viernes Santo, uno está participando del cuerpo y de la sangre espirituales del bendito Señor, ya que los ritos potencian las energías espirituales. Tras esa participación, el aspirante debe esforzarse por despertar más completamente el proceso de transmutación en su interior. Debe esforzarse por despojarse de lo viejo y vestir lo nuevo, siendo su ideal el sumergir el hombre terreno en el hombre celeste. Desde ese momento ha de demostrar que, verdaderamente, está hecho a imagen y semejanza de Dios.

Junio - Julio - Agosto

Una de las fiestas más hermosas del año es ésta de la Ascensión, que se celebra, aproximadamente, cuando el Sol pasa de Tauro (mayo) a Géminis (junio).

Entonces, falange tras falange de seres celestiales se postran en adoración ante la exaltada presencia de Cristo y las mismas estrellas se unen en una sinfonía que proclama Su majestad y Su gloria. Durante esta sagrada fiesta, Su radiación penetra en la Tierra impregnándola con una refulgencia que excede toda descripción, haciendo brillantes, tanto el mundo físico como los mundos espirituales. Y, como la naturaleza está en perfecta armonía con esas corrientes in crescendo de Cristo, ese período de cuarenta días entre la Resurrección y la Ascensión, es de tal contenido espiritual que se convierte en un tiempo apropiado para que el discípulo desarrolle en su interior los poderes de la clarividencia, la clariaudiencia y otras facultades del espíritu, que pertenecen al verdadero discipulado.

El octavo día de la Ascensión se celebra la fiesta de Pentecostés, que sintetiza las experiencias de los primeros discípulos que vivieron íntimamente con Cristo durante el período mencionado. El día de Pentecostés se convirtieron en hombres y mujeres crísticos, adecuadamente equipados para el trabajo de establecer Su Reino en la Tierra. El santo día conmemorativo de tal acontecimiento es, de hecho y en verdad, el Whitsun (Pentecostés en inglés, significando "el sol blanco"), el domingo blanco del alma; y constituye la máxima consecución posible en este planeta.

En la iglesia exotérica, la octava de Pentecostés se conmemora la triple actividad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Se conoce como el domingo de la Trinidad y marca el fin de las fiestas espirituales del año. Ya no se observan más fiestas hasta el comienzo de la época de Adviento. Sin embargo, el significado esotérico del domingo de la Trinidad hace mucho que se olvidó, aunque siga siendo importante, ya que la iglesia cuenta todos los domingos desde la Trinidad hasta Adviento como primero, segundo, tercer domingo, etc., "después de la Trinidad".

Los cristianos esotéricos, sin embargo, comprenden algo del significado de la celebración de la Trinidad. Saben que el domingo de la Trinidad simboliza, por así decirlo, el trabajo supremo de Cristo en el ciclo anual y que, durante los tres meses del verano - Junio, Julio y Agosto - Cristo trabaja al unísono con el Dios Trino y con las tres Jerarquías de Géminis (Serafines), Cáncer (Querubines) y Leo (Señores del Amor) rellenando, energizando y espiritualizando la Tierra y todo lo que en ella existe.

Cuando el Sol entra en Géminis, en el mes de junio, Cristo pasa al Tercer Cielo que, en terminología rosacruz, es el Mundo del Pensamiento Abstracto. Es la esfera más elevada de las alcanzadas por la Humanidad en el ciclo de renacimientos y en su actual nivel de desarrollo. El Primer Cielo es el mundo del color; el Segundo, es el mundo del tono; el Tercero es el mundo de las Ideas Abstractas. Es éste un mundo de pura luz blanca en el que un alma iluminada aprende a escuchar la Voz del Silencio.

Durante el mes de junio, Cristo se convierte en un canal para las radiaciones emitidas por los Serafines, la Jerarquía de Géminis. Los contacta por medio del Espíritu Santo, el tercer aspecto de la Trinidad. Una de las notas clave de Géminis es la actividad; ésta es también la nota clave del Espíritu Santo. Mediante su actividad, los Serafines traspasan los misterios del Espíritu Santo al signo opuesto de Géminis, Sagitario, los Señores de la Mente. Allí esperan que el hombre desarrolle su iluminación hasta ser capaz de comprender y aplicar el inmenso poder del Espíritu Santo en su vida diaria. Aunque la Humanidad sólo es capaz aún de percibir débilmente los misterios relacionados con el principio y poderes del Tercer Aspecto de la Trinidad.

Durante el período de tránsito del sol por el signo de Géminis, el discípulo hará bien en dedicar el mayor tiempo posible a meditar sobre el principio de la polaridad, pues es el mes más apropiado del año para recibir revelaciones esotéricas sobre esta materia profundísima. Si es posible, el Zohar, "el Libro de Luz", como fue inicialmente conocido, es recomendable para estudios sobre este tema.

Cuando el sol entra en Cáncer, en el mes de julio, Cristo asciende a su propio hogar, el Mundo del Espíritu de Vida, el plano en el que la unidad y la armonía reinan supremas; es también el nivel de conciencia contactado por los discípulos el día de Pentecostés. Y será alcanzado por la porción más avanzada de la Humanidad al finalizar el presente Período Terrestre. En este momento del año, mediante el trabajo del Cristo Cósmico, el Hijo, el Verbo y Segundo Aspecto de la Trinidad, nuestro bendito Señor, contacta con la Jerarquía de Cáncer, los Querubines. Estos seres celestiales son los guardianes de todos los sitios sagrados del cielo y de la Tierra y contienen, dentro de sí, el gran misterio de la vida. Bajo la dirección de Cristo, este sagrado misterio se traspasa desde Cáncer a su signo opuesto Capricornio, quedando a cargo de los Ángeles.

Por esa razón los Salvadores del Mundo que vienen a la Tierra proclamando el misterio del Sagrado Nacimiento, nacen bajo el signo de Capricornio. La observancia conocida eclesiásticamente como Fiesta de San Juan, que fue el Precursor de Cristo, tiene lugar durante el Solsticio de Verano.

En julio, el alma de la Tierra se sumerge en puro éxtasis. Los cielos se comban hacia abajo mientras la Tierra es elevada a lo alto. Con ese divino intercambio de fuerzas espirituales se consuma el Matrimonio Místico entre el Cielo y la Tierra.

Durante un intervalo de cuatro días, son silenciadas las corrientes de deseos para que las fuerzas espirituales puedan reinar supremas y la Tierra se llena con la pura luz del espíritu. Todo discípulo que aprenda a sintonizarse con este poderoso influjo accederá a un nivel de conciencia espiritual nunca soñado. Si dedica mucho tiempo a la meditación durante este período, descubrirá igualmente un profundísimo y aclaratorio significado de la fórmula fundamental de la Creación, dada por San Juan:

En el principio era el Verbo,
Y el Verbo estaba con Dios,
Y el Verbo era Dios.
Él estaba al principio con Dios.
Por Él fueron hechas todas las cosas
Y nada de lo que ha sido hecho, se hizo sin Él.

Juan 1:1-3

Cuando el sol alcanza el punto más elevado en su ascensión hacia el norte, Cristo asciende igualmente al mundo espiritual denominado el Trono del Padre. Se le conoce en la terminología rosacruz como el Mundo del Espíritu Divino, el hogar del Dios de este sistema solar. Dios es Amor y Dios es Luz. Amor y Luz son notas clave de la Jerarquía de Leo, los Señores de la Llama (Amor). Bajo la supervisión de los Señores de la Llama y junto a los poderes del Padre, Primer Aspecto de la Trinidad, Cristo trabaja con el poder supremo del amor, la fuerza estabilizadora de la Tierra.

Para ello, se convierte en el canal de la fuerza, gracias a la cual hace girar la Tierra sobre su eje y recorrer su órbita en torno al Sol. Este poder del amor es traspasado por la Jerarquía de Leo a su signo opuesto, Acuario; por eso será el poder que animará la nueva Era de Acuario.

Durante esta época, el discípulo debe esforzarse por convertir el amor en la fuerza motivadora de su vida. Debe aspirar a embellecer cada una de sus palabras, pensamientos y obras con su magia. El decimotercera capítulo de la Segunda Epístola a los Corintios, uno de los más grandes cantos del alma al amor, es el mantra perfecto, tanto para la meditación como para el esfuerzo, durante el período en el que el sol transita el signo real de Leo.

Septiembre

En septiembre el Bendito Señor sale de la gloria de los más elevados mundos celestes y comienza su descenso hacia los planos físicos. Durante todo el mes, la tierna y anhelante belleza de la naturaleza es como la de ninguna otra estación, porque Cristo está acogiendo a la Tierra como una llueca acoge a sus polluelos, con el mismo amoroso dolor que sintió cuando lloró por Jerusalén, hace muchos años. Él vertió aquellas lágrimas porque sabía las largas eras de dolor y sufrimiento que la Humanidad había de vivir aún por haber buscado la oscuridad en lugar de la luz. Su gran corazón se acongojó por las oscuras nubes que cubrirían Jerusalén, el verdadero corazón del Planeta, al que se había dedicado a servir y sobre el que estaba derramando todo Su inmenso amor.

Septiembre es otro mes de preparación para el discípulo. Una de las notas clave de Virgo es sacrificio. Un discípulo serio, que se prepare mediante el sacrificio y la autorrenunciación para tomar parte en el festival de invierno, meditará frecuentemente sobre la nota clave espiritual de Virgo: "El que quiera ser el primero, sea el último y el servidor de todos". Marcos 9:35.

Con el sol entrando el Libra y las fuerzas de octubre impregnando la Tierra, llega el festival del Equinoccio de Otoño. En el camino de Damasco, a San Pablo se le concedió el que viera, en la memoria de la naturaleza, el ciclo Crístico. En cuanto comprendió la verdadera importancia de este sacrificio anual del Espíritu del Sol, se transformó, de principal perseguidor de Cristo, en uno de Sus más ilustres mensajeros. A la luz de la comprensión de la misión de Cristo en la Tierra, Pablo hizo la suprema dedicación con las palabras. "Pues yo decidí no conocer nada entre vosotros, salvo a Cristo Jesús, y a éste crucificado". Estas palabras deberían ser la verdadera cruz de la dedicación del discípulo cuando medita, cada vez más profundamente, sobre el sacrificio anual del Señor Bendito.

El aspirante al Sendero del Logro es, a veces, elevado a la cima del monte de la exaltación y su fortaleza es renovada, para poder luego servir en los valles de abajo. Quien sigue este ciclo anual de Cristo con fe y año tras año, aprende a sintonizarse con la elevada gloria de las tres festividades de la Santa Trinidad, en verano, siendo luego conducido a hacer una más profunda dedicación de sí mismo y, con ello, a adquirir una mayor fuerza espiritual que le permita cumplir su cometido y asumir sus responsabilidades durante los próximos meses de invierno. Si progresa espiritualmente en todo lo que este período le proporciona, se hará consciente del derramamiento de bendiciones que emanan de la Virgen Cósmica, la más elevada iniciada de la Jerarquía de Virgo, los Señores de la Sabiduría. Durante el curso de este mes de preparación, el discípulo comprenderá claramente en su interior el significado de la hermosa oración de San Francisco de Asís, y ello lo hará más útil como canal para el descenso de las fuerzas de Cristo en los meses venideros:

¡Oh, divino Maestro!

Concédeme que no busque ser consolado, sino consolar;
que no busque ser comprendido, sino comprender;
que no busque ser amado, sino amar.

Porque, dando es como recibimos,
perdonando es como se nos perdona
y muriendo a nosotros es como nacemos a la vida eterna.

Cuando el discípulo considera el ciclo anual a la luz de Cristo y Su misión, comprende que cada mes es, para él, como un santuario bendito. Y si, mes tras mes, se esfuerza por encontrar el profundo significado de la vida de Cristo y de Su obra, entrará en tal sintonía con su Señor que podrá cantar con Salomón, el iluminado vidente del Antiguo Testamento: "Mi amada es mía y yo soy suyo".

Indefectiblemente, esa dedicación conducirá a que Cristo se convierta de tal modo en parte de su vida personal, que cada uno de sus pensamientos, palabras y obras no serán sino reflejos Suyos. Finalmente, alcanzará la gloriosa consecución con la unidad con el Señor, que San Pablo, el vidente del Nuevo Testamento, expresó con su exultantes palabras: "En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser".

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS

sábado, 26 de marzo de 2016

Reinterpretación del Misterio de Pascuas


Reinterpretación del Misterio de Pascuas
Puerta a las Estrellas 
Por: Corinne Heline 

Encendiendo esta luz del alma en el Misterio de Pascua descubrimos su derecho a la primacía en la vida de la humanidad, derivándose desde la posibilidad de que las fuerzas que tratan con la muerte las cuales habían asumido el poder en nuestra vida racial, pudiesen ser gradualmente reducidas y al final vencidas por completo. Esta posibilidad emergió como resultado de la liberación de la energía de Cristo en el aura planetaria, que en lo sucesivo llegó a ser accesible a cada criatura viviente. Esta liberación de la Luz de Cristo no se limitaba a una sola efusión, como hemos explicado. Tuvo su principio en cierto momento histórico, y ese momento fue cuando el Cristo rompió las ligaduras de la muerte y se mantuvo vencedor sobre la tumba. Pero desde esa época Su fuerza vital ha continuado derramándose en nuestra esfera planetaria y seguirá haciéndolo hasta que el trabajo evolutivo de la tierra termine. 

Para un mejor entendimiento del Misterio de la Resurrección es necesario conocer algo de la naturaleza de Jesucristo, del método de evolución humana, del significado perdido de la muerte y de los procesos en la naturaleza por los cuales las fuerzas de la muerte son transformadas en poderes de vida. 

La verdadera importancia de la Resurrección no puede entenderse si no se acepta la naturaleza humano-divina de Jesucristo, la evolución de las formas según la enseñanza de la ciencia académica y la evolución paralela del alma mediante el proceso reencarnante enseñado por la ciencia espiritual. Además de, una comprensión de los medios por los cuales las fuerzas de la muerte entraron a la vida humana y de las medidas establecidas para vencer a estas mismas fuerzas con los poderes de vida. Sólo dentro de tal labor de referencia el misterio del trabajo redentivo de Cristo puede ser inteligiblemente entendido y espiritualmente concebido. 

El Misterio de la Resurrección es de una naturaleza cósmica como lo es el Cristo Mismo por cuyos poderes las fuerzas resurreccionales se han activado en la vida de la raza. Al decir esto no le estamos quitando a la Pascua la significación personal que el ortodoxo le atribuye, sino simplemente ampliando su alcance por demostrar que somos parte de la escena cósmica, en la cual los poderes resucitados están en funcionamiento, y que participamos en sus operaciones redentivas. 

La muerte que el Cristo venció es la muerte que se menciona en el Génesis cuando el Señor Dios Jehová advirtió a Adán y Eva, o la humanidad en pañales, que no comiesen del fruto del Árbol del Conocimiento, pues el día que así lo hicieran ciertamente morirían. Ellos comieron del fruto y murieron, no en forma física sino espiritual. Esta muerte no fue repentina. Era la muerte para una futura consecución que fue su destino propuesto a realizarse en algún tiempo más. Es la muerte de la que habla la Voz en el Apocalipsis, dirigiéndose a la Iglesia de Sardis: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”. 

El Cristo también empleó el término muerte en este mismo sentido cuando declaró ante los Fariseos que “si un hombre guarda mi palabra jamás verá la muerte”. Pero no obstante Sus seguidores perdieron la verdad espiritual que Él así trató de transmitirles, como lo indica el que cuestionaron Su buen sentido, y se preguntará si acaso no estaba poseído por un demonio. ¿No murió su padre Abraham y también los profetas, preguntaron, y él presumía ser más grande que estos hombres santos? 


La Caída de Adán y la Resurrección de Cristo

Pablo hace la siguiente afirmación “así como en Adán todo muere, así también en Cristo todo resucitará”. De modo que la caída de Adán y la Resurrección de Cristo son eventos ligados. El total de la humanidad está envuelta en ambos. Ninguno de los eventos es de carácter aislado. 

Adán o la humanidad en pañales, se apartó del camino perfecto del Señor, o la ley divina, y tomó su propio camino de obstinación sin estar lista ni ser capaz de hacerlo con seguridad y sabiduría. Al hacer tal desviación admitió en su ser las primeras semillas de la desintegración degenerándose y abriéndose a las influencias adversas de dos clases de espíritus intrusos. 

Los primeros de éstos son los Espíritus Luciféricos, cuya naturaleza y actividades se hacen conocidas para nosotros en nuestra Biblia Cristiana, y los otros son seres Ahrimánicos (genio) sobre quienes podemos aprender mucho en las Escrituras Zoroastrinas y también en el Fausto de Goethe de su carácter Mefistofeliano. 

Su influencia sobre la vida humana, como lo describiera el difunto esoterista Cristiano, Rudolf Steiner, en varios de sus escritos, fue tal que los seres Luciferianos degradaron las pasiones y sentimientos del hombre mientras que los espíritus Ahrimánicos tergiversaron su perspectiva del mundo. Los Luciferes intentan separar al hombre prematuramente de lo que la experiencia terrestre tiene para ofrecerles. Las fuerzas Ahrimánicas dirigen sus energías hacia la obstrucción de la mente del hombre a la existencia del mundo espiritual para atarlo más firmemente a su naturaleza mortal y existencia física. Éstas son contenedoras desde el Período de Saturno. 

Estas dos clases de entes; dice el Dr. Steiner, impidieron que el hombre acrecentara la antigua reserva de sabiduría que una vez recibió, y así gradualmente se fue consumiendo. El efecto que se provocó fue una tendencia a la disolución y decadencia terminando en muerte. 

Así fue que el germen de la muerte entró en el cuerpo físico, y si su progresivo desarrollo no hubiera sido traído ni contrariado por el germen de vida que el Cristo implantó, el hombre habría quedado completamente bajo el poder de la muerte al finalizar el presente Período Terrestre, con lo cual, la revolución habría terminado en ese punto, en lugar de ir hacia adelante a través de los tres Períodos aeónicos restantes que culminan con el retorno del espíritu individualizado a la casa de su Padre como Hombre-Dios. 

Estas afirmaciones no tienen fundamento, y a menos que puedan ser verificadas por datos científicos exactos derivados de un examen sobre la materia desde muchos y variados puntos de vista, no puede esperarse ganar crédito con el hombre que no acepta nada en base a la fe sino que demanda evidencia razonable para justificar sus creencias. 

Tales datos no son necesarios. Una hilera ilimitada de evidencia está disponible. El hombre moderno tiene para ofrecer, y hasta que no lo haga no encontrará la paz mental que tanto necesita para mantener su equilibrio, ni que decir de su mucha cordura y felicidad. 

No está dentro del alcance de esta discusión entrar a ese vasto conjunto de evidencia disponible sobre el Ministro de Pascua cuando está interpretado a la luz de la Sabiduría del Iniciado. Pero permite que la luz que arroja toque brevemente un aspecto particular de este tema multilateral sobre el problema de la vida y la muerte, y también como un indicio del carácter en verdad revelatorio de similares estudios relativos a otros aspectos del Ministerio de PASCUA. 


El Cuerpo Etérico en relación al Físico

En la primitiva humanidad los cuerpos físicos y etéricos del hombre no eran concéntricos como lo son hoy; y ciertos centros etéricos no estaban alineados ni unidos con los físicos. Esta conexión suelta entre los dos vehículos habilitaba al hombre para mantener un contacto más estrecho con los mundos internos y para dirigirlos más plena y libremente que ahora hacia el camino ascendente. Pero el cuerpo etérico, en forma gradual, fue atrayendo al físico hasta que para el tiempo de Cristo los dos cuerpos fueron como uno. El cuerpo etérico, que había entrado a su evolución terrestre con dos Períodos aeónicos de desarrollo tras sí, llegó altamente cargado de energías espirituales las que impartió a sus cuerpos físicos asociados . 

Pero ambos, los espíritus Luciferinos y los Ahrimánicos de los que hemos hablado tenían el poder de separar del muerto etérico un flujo más distante de luz espiritual y vida desde los mundos internos, y esto en procedimiento despojó al cuerpo físico de la vitalidad que hasta entonces había recibido del etérico, con el resultado que en lo sucesivo las fuerzas vitales en el hombre no fueron en aumento sino en descenso. El hombre salió en muerte luego de una vida en la tierra más pobre que cuando llegó a ella. Si este proceso no hubiera sido contrariado, el principio vitalizante del hombre, el cuerpo etérico, finalmente se habría marchitado y con él el cuerpo físico. Ambos vehículos habrían muerto al término de nuestro Período Terrestre en vez de desarrollarse para perfeccionar y transferir sus poderes subliminados a los próximos vehículos superiores para ulterior evolución en futuros Períodos de tiempo, como hemos dicho. 


La Mortalidad se transforma en Inmortalidad

De tal destino el hombre fue salvado por el Cristo. El vino a revivir, restaurar y resucitar a una humanidad que había caído bajo las fuerzas de la desintegración, la decadencia y la muerte. Pudo hacer esto porque Él está en su propia Existencia “la resurrección y la vida”, Él es el Espíritu del Sol, el Iniciado más elevado del Período Solar, el primero en dar frutos de la ola de vida arcangelical. Él es el Logo Solar y la Luz del Mundo. Desde este cuerpo de luz irradiaba, y continúa irradiando, al mundo etérico un Rayo redentor que es absorbido por el vehículo etérico del hombre, así reanimándolo con las fuerzas de vida. Este impulso dador de vida es transmitido por turnos al cuerpo físico con igual efecto, y de tal manera la humanidad que murió en Adán es devuelta a la vida de Cristo. 

La mortalidad se transforma en inmortalidad y la corruptibilidad en incorruptibilidad. La redención del hombre desde la caída está asegurada y también su habilidad para llevar hacia adelante está evolución terrestre en los sucesivos ciclos de desarrollo. Excepto por este impulso dador-vida de Cristo, la clase de muerte que alcanza el cuerpo al final de una vida en la tierra habría sido la muerte experimentada por la humanidad como un todo al término del Período Terrestre. 

Este acto de salvación por el cual la raza humana fue levantada de la muerte a la vida no yace dentro del poder de ningún ser humano. Puesto que fue una tarea de alcance cósmico requería de poderes cósmicos tales como los que poseía Cristo. El Maestro Jesús jugó Su glorioso y necesario papel en esa su condición espiritual que lo capacitó para llegar a ser el instrumento en y a través del cual el Espíritu de Cristo pudiera establecer un punto focal desde donde penetrar e identificarse con la evolución humana, y más tarde servir como Regente Planetario. Pero Jesús por sí mismo no podría haber sido nuestro Salvador, ni tampoco Cristo solo haberse convertido en nuestra vida y resurrección. Pues esta unión físico-espiritual entre lo humano y lo divino, tal como la establecida en el único ser compuesto de Jesús el Cristo, era necesaria. Y por medio de aquella exaltada instrumentalidad el Padre, cuya voluntad es que nadie debería perecer y todos tener vida eterna, contemplaba este divino intento para que la humanidad pudiera acabar prósperamente. De Jesucristo Él podía decir, “Este es mi amado Hijo de quien estoy muy complacido”. 

En lo anterior hemos hablado sobre el más simple fragmento de la clase de conocimiento que debe hallar su camino hacia la mente moderna para restaurar la doctrina de la Resurrección a un lugar en donde pueda revitalizarse la fe de nuestros tiempos. La necesidad nunca ha sido mayor que ahora, cuando las fuerzas de la muerte han originado un terrible ataque a la humanidad en un desesperado esfuerzo final por arrebatarle el control a los ascendentes poderes de vida. 

En esta crisis planetaria los pueblos buscan por doquier, expectantes, la aparición de algún poder transformador y redentor, ya sea principio o persona. La esperanza universal está en la resurrección de un mundo arruinado, en la instrucción de una mente en ignorancia, y en la espiritualidad de una civilización sepultada en el materialismo. Para el Cristiano esta esperanza está enfocada en el Cristo y la promesa de su presencia en la línea del deber divino para completar Su misión Terrestre. Es en esa esperanza de gloria que celebramos la Pascua, el luminoso festival de la vida resucitada. 

Mucho queda por revelar del Misterio de Cristo para cuando la humanidad alcance la madurez espiritual; pues como Max Heindel, el iluminado vidente místico ha dicho: “El verdadero Cristianismo esotérico todavía no ha sido enseñado públicamente, ni lo será hasta que la humanidad haya pasado el peldaño materialista y se prepare para recibirlo”. (El Concepto de Rosacruz del Cosmos).


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miércoles, 23 de marzo de 2016

El lunes Santo


EL LUNES SANTO
LOS MISTERIOS DE LOS CRISTOS
de Corinne Heline

El lunes de Pascua, el Maestro se apareció, de nuevo, a Sus discípulos más avanzados, junto al Lago Tiberíades. Estaban en el grupo Pedro, Santiago, Juan, Natanael y Felipe. Pedro, al que se refiere este incidente, anunció su intención de pescar. Sus compañeros estuvieron de acuerdo y, subiendo a la barca, se hicieron a la mar. En toda la noche no pescaron nada. Al amanecer, vieron a Jesús, de pie, en la orilla. Dirigiéndose a ellos, les dijo: "Echad vuestra red a la derecha de la barca y pescaréis". Así lo hicieron y la pesca fue abundante. Cuando Pedro supo por Juan que era el Maestro quien estaba entre ellos, se arrojó al mar para ir a su encuentro y llevó luego la red, repleta de peces, a tierra.

Este incidente se recuerda en el capítulo veinte del Evangelio de San Juan, el más esotérico de todos los Evangelios, escrito por el más próximo y amado discípulo del Maestro. La experiencia en él descrita es toda espiritual y tuvo lugar en los planos internos. El mar simboliza el plano etérico y la barca, el cuerpo-alma, en el que el hombre funciona en dicho plano. El pez es el símbolo de los Misterios Ocultos o verdad esotérica. El número de peces capturados, 153, da el valor numerológico nueve, el número de la evolución del hombre, e indica que la Humanidad entera será salvada cuando el Cristo Cósmico sea universalmente reconocido como Salvador del Mundo.

Pedro estaba entonces recibiendo instrucciones para alcanzar el Tercer Grado o Grado del Maestro. A él y a los que con él se encontraban, les estaba enseñando el Maestro "cómo arrojar la red al lado derecho de la barca" o, en otras palabras, cómo sintonizarse con las corrientes de la derecha o positivas de la Tierra. Estas corrientes están bajo control de Mercurio, dios de la Sabiduría, regente de las emociones.

Entonces, nuevos discípulos quedaron investidos con los poderes del Grado del Maestro, que los capacitaron, en palabras del Evangelio de San Marcos, para arrojar demonios "en Mi nombre". Y hablarán nuevas lenguas, cogerán serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos (Marcos 16:18-19).

Desde el primer gran derramamiento de Fuego en Pentecostés, la Humanidad ha derivado, invariablemente, hacia el mundo del materialismo, en el que los poderes del espíritu se han hecho cada vez menos aparentes. Pero, desde su largo "entierro", están abocados a experimentar una resurrección universal en el Nuevo Día que ya está amaneciendo. Otro tiempo de "milagros" está ya a la vista; un segundo Pentecostés se acerca. De la urna de Acuario está siendo derramado sobre toda la Tierra un nuevo fuego del cielo, destinado a despertar a la Humanidad a nuevas realizaciones espirituales, y a crear las circunstancias que harán posible el retorno del Espíritu de Cristo, para completar la conciencia de los hombres, igual que se manifestó a Sus allegados durante los días de Su primera venida.

La Resurrección de Cristo no es sólo un acontecimiento histórico para mera celebración eclesiástica. Es un festival cósmico recurrente. Es un incremento anual, tanto físico como espiritual, de vida, para la experiencia presente y para el desarrollo futuro del hombre. Sólo cuando esa experiencia haya sido asimilada interiormente, podrá el hombre comprender el trascendental significado de los sagrados Misterios de Pascua.


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El Amanecer de Pascua


EL AMANECER DE PASCUA

El Rito de la Resurrección es el Rito de la vida impersonal. Durante la experiencia de la Muerte Mística, el discípulo se conciencia de las ilusiones de la materia y de las limitaciones de la vida finita. La conciencia de la Resurrección produce la comprobación de la unidad de toda la vida en Dios. La piedra de separación ha sido removida. Por eso, quien ha pasado por esta sublime experiencia, sabe que ningún daño puede afectar a una `parte sin herir al todo, y que nada bueno puede suceder a uno sin que, al mismo tiempo, beneficie a todos.

Quien llega a conocer la gloria de la resurrección no puede ya herir o matar, ni siquiera a sus hermanos menores del reino animal, puesto que ellos también son expresión viviente de la misma vida que vive y se mueve y tiene su ser en el hombre. Con la conciencia de la resurrección, la pasión del cuerpo de deseos no regenerado se convierte en compasión del espíritu, que todo lo abarca. El recién nacido es bañado en la dorada refulgencia del Cristo Resucitado, y se hace uno con Él, en la comprobación de que la muerte se ha ido convirtiendo en la victoria de la vida eterna.

La meditación sobre la trascendental experiencia de la Resurrección proporciona una mayor comprensión y reverencia por el significado interno de aquel saludo que los cristianos esotéricos se dirigían, durante la radiación del amanecer de Pascua, a la luz de su propia iluminación interior: "Cristo es nuestra Luz".

Durante los años siguientes, la noche del Sábado Santo y la mañana del día de Pascua fueron tiempos de Iniciación para las almas avanzadas, cuyas vidas y obras se mencionan en los Evangelios. Y debe haber habido otros muchos, no mencionados, a tenor de las palabras del Evangelio de Juan: "Muchas otras cosas hizo Jesús en presencia de Sus discípulos, que no están escritas en este libro". Aún más tarde, San Gregorio escribió un hermoso himno describiendo la santa dedicación de María a la mística salida del sol, mientras que, antiguas leyendas aseguran que fue a ella a quien el recién resucitado Maestro se le apareció en primer lugar.

María, la Virgen, pasó por el Tercer Grado o Grado del Maestro a los pies de la cruz; y María Magdalena, al amanecer del primer domingo de Pascua, cuando encontró al Maestro en el jardín.

En este grado, la conciencia es elevada a planos espirituales superiores. Ello es sólo posible bajo la supervisión de un Maestro. Por eso, antes de que tal elevación de conciencia se produjera, María no reconoció a su Maestro en Su resplandeciente cuerpo espiritual, y sólo cuando la ayudó a elevar gradualmente su conciencia a los planos en que Él estaba funcionando, lo reconoció en Su gloria trascendente. Fue entonces cuando ella se postró de rodillas, con humildad, y se dirigió a Él como "Raboni", que significa "elevadísimo Maestro".


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El Sábado Santo


EL SÁBADO SANTO

LOS MISTERIOS DE LOS CRISTOS
de Corinne Heline

El acontecimiento culminante del Sábado Santo tuvo lugar a medianoche, con la observancia del profundo Rito del Bautismo. Estaba relacionado con el Grado Segundo o Rito de la Iluminación. Los que aspiraban a pasar al santuario interior de este Grado, iniciaron una rigurosa preparación, al cuidado de Maestros, al principio de la Cuaresma, y se les conocía como "los que van a ser iluminados". Determinado número de hombres y mujeres santos, destacadamente mencionados en los Evangelios, pasaron este Grado el Sábado por la noche y pudieron saludar al sol de aquel importantísimo amanecer de Pascua, como hermanos recién nacidos, del Cristo Resucitado. Entre ellos estaban las mujeres a las que Cristo se apareció aquel temprano amanecer.

El agua tiene una afinidad especial por la sustancia etérica; de ahí que, cuando el cuerpo etérico de un candidato a la Iniciación se haya sensibilizado suficientemente, mediante una vida santa y pura, la inmersión de su cuerpo físico en el agua, tienda a soltar la firme ligadura que mantiene unidos, normalmente, a los cuerpos físico y etérico. Cuando se ha llevado a cabo la separación entre ambos y se han despertado los centros del cuerpo vital o etérico, se abre la conciencia en los planos internos y el alma se enfrenta a experiencias trascendentales que dejan huella permanente durante el resto de la vida. El afrontar, indebidamente preparado, el Rito del Bautismo, supondría hallarse en una situación llena de peligro, puesto que el influjo del poder espiritual que acompaña al Bautismo, así como puede proporcionar la iluminación al debidamente preparado, acarrearía la destrucción de los vehículos indebidamente limpios y calificados.

Ciertos centros de los cuerpos invisibles del hombre son especialmente sensibles a la influencia espiritual que acompaña al Rito del Bautismo. Cuando el oficiante de esta ceremonia está suficientemente avanzado, dirigirá su mirada interior a esos centros y acondicionará el trabajo a las características del desarrollo del aspirante. La posesión por Juan el Bautista de esa facultad, fue lo que le reveló el exaltado status de Jesús y le hizo sentirse indigno de bautizar a un alma ya iluminada. Las palabras de la invocación empleada por los primeros cristianos en la ceremonia del Bautismo eran como una melodía para el ansioso y expectante devoto: "Abre tus ojos y oídos y penetra en el dulce sabor de la vida eterna".

Aunque la iglesia ha olvidado, hace mucho, las verdades internas asociadas a las ceremonias que continúa practicando, mucho de su simbolismo permanece perfectamente, como puede rápidamente comprobar quien se familiarice con los procesos implicados en la recepción de los diversos Grados que pertenecen a los Misterios Cristianos y conducen al Monte de la Iluminación. Lo ilustra lo que sigue: La Cuaresma culmina con el sol en Piscis, cuando los rayos de este signo de agua se derraman sobre la Tierra. Éste es el último acto de las jerarquías Zodiacales antes de producirse la liberación del fuego celeste, mediante el signo de Aries, que da lugar al nacimiento del nuevo año espiritual o Rito de la Resurreción en Pascua. Entonces tiene lugar una unión alquímica entre el Agua de Piscis y el Fuego de Aries, dando por resultado un incremento de la luz y el poder para la abundante vida. En el individuo, ello supone la mezcla, en el cuerpo de deseos, del fuego, elemento al que primariamente está unido, con el agua del cuerpo etérico, que es el elemento al que éste pertenece. Para conmemorar este hecho alquímico, que tiene lugar en la naturaleza durante la Pascua, la iglesia de hoy conserva un ritual el Sábado Santo, en el que se bendice el "nuevo fuego" mientras se le conduce, en elaborada procesión, y luego se le "mezcla" con el agua bendita que, desde entonces, se denomina, correctamente, "Agua Pascual". Ningún agua puede denominarse así, salvo la que mezcla, simbólicamente, el fuego bendito con el agua bendita.

Durante la procesión, el "elegido" que recibe las bendiciones del "nuevo fuego, canta triunfante: "Cristo es nuestra luz", y a él le responde el otro cantor: "Que Su luz ilumine nuestros corazones". En la iglesia primitiva, la pila bautismal tenía forma de tumba, para representar la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo, que tenía lugar al celebrarse el Rito del Bautismo.

Así de rico y verdadero es el simbolismo que la iglesia moderna ha conservado en muchos de sus ritos, aunque muy pocos de los que los observan comprenden su significado espiritual interno. Verdaderamente, la luz que la Iniciación proporcionaba en estos Misterios se ha perdido en nuestro tiempo, no sólo para las multitudes, sino para la mayor parte de los que enseñan y dirigen. Hace mucho tiempo que los sacerdotes dejaron de reclutarse entre los Iniciados, con el resultado de que, aunque persistan las antiguas y verdaderas fórmulas, el espíritu que las informaba se perdió tiempo atrás.

El texto utilizado por los aspirantes en el Sábado Santo era El Cantar de los Cantares, de Salomón, ya que describe el proceso del Matrimonio Místico. La iglesia, posteriormente, añadió el capítulo trece del Evangelio de San Juan, para el estudio contemplativo de este día santo. Se empleaba durante la ceremonia del Lavatorio de Pies al recién bautizado. Refiriéndose al Evangelio de Juan, Rudolf Steiner, que se aproximó a él con la iluminación poseída por la iglesia primitiva, declaró, como ya se ha dicho, que "no es un libro, sino una fuerza espiritual que debe ser incorporada al alma".


EL SEPULCRO VACÍO

En el Ritual del Sepulcro Vacío, Cristo, como indicador del camino a toda la Humanidad, enseñó a Sus seguidores el último y más difícil trabajo que ha de llevarse a cabo en el mundo físico. Este trabajo consiste en la transmutación de la materia en espíritu. Cuando el hombre lo haya aprendido, habrá adquirido el dominio de la enfermedad, la edad y la muerte. En la terminología esotérica, esta consecución se alcanza con la iniciación perteneciente a la Tierra, el más denso de los Cuatro Elementos. Es la última de las Cuatro Grandes Iniciaciones o Iniciaciones Mayores. Cuando la luz de esta sublime iluminación se haya esparcido, se erigirán altares a Cristo, tanto en nuestros laboratorios físicos, como en nuestras iglesias. Habrá sido reconocido el espíritu que subyace en y tras la materia.

Con la Iniciación de la Tierra llega la liberación de la Rueda de Nacimientos y Muertes. La necesidad de reencarnar ya no existe, porque ya se han aprendido todas las lecciones de la Tierra. El espíritu del hombre es, pues, libre para continuar su desarrollo en otras elevadas esferas, o permanecer con la Humanidad para ayudarla a alcanzar el nivel que él ha alcanzado. Tales seres son los graduados de la Humanidad, los Maestros de Sabiduría y nuestros Hermanos Mayores de Compasión.

Pedro también pasó el Ritual de la Muerte Mística aquel amanecer de Pascua, antes de recibir el Grado de Maestro. Junto con María y Juan, llegó a la tumba vacía y, según el Evangelio, entró solo, quedándose fuera los otros dos. Este incidente, traducido simbólicamente, destaca el hecho de que ambos habían experimentado ya la entrada en el "sepulcro" y la salida triunfante de él. En ese momento estaban ayudando a Pedro a pasar a la exaltación gloriosa de conciencia que ellos ya poseían.

Mediante el proceso de la Iniciación, la mortalidad se viste de inmortalidad. Ése es su único fin y ésa su única meta. Para la conciencia del iniciado, la vida y la muerte no son sino dos aspectos diferentes del progresivo desarrollo del espíritu. Sabiéndolo así, el ceremonial de los entierros, entre los primeros cristianos, era un rito glorioso. La vida era su tema. Se colocaban en el ataúd hojas de yedra y de laurel, y un texto completo de los Evangelios, sobre el corazón. Los que esperaban, eran portadores de ramas de olivo y de palmas, y la procesión hasta la tumba se caracterizaba, no por el duelo y las lamentaciones, sino por el sonido de alegres hosannas. De acuerdo con ese sentimiento, era el vestuario, no oscuro como la tumba, sino brillante como la luz que saluda al alma, tras su nacimiento en los planos espirituales. Las tumbas de los primeros cristianos tenían forma de cruz, como reconocimiento del hecho de que el cuerpo de mortalidad que se abandona es la cruz de la materia, de que el alma queda liberada con la muerte y es el cuerpo del que el espíritu se libera cuando alcanza la luz de la Iniciación.

Durante el intervalo entre la Crucifixión y la Resurrección (desde la tarde del viernes hasta la mañana del domingo), el espíritu de Cristo trabajó en el interior del Planeta Tierra, como se ha dicho antes. "Descendió a los infiernos". Tal es la frase del Credo, para significar Su entrada en la Región Astral Inferior o Región del Deseo" de nuestra Tierra, a la que fue a llevar Su Evangelio a las almas desencarnadas y aún en el plano de las tinieblas. Cristo, por tanto, vino a ayudar, no sólo a la Humanidad encarnada, sino también a sus miembros desencarnados. Su misión se extendió aún más, a la redención de los caídos Espíritus Luciferes, cuyo plano de actividad es el Mundo del Deseo, y hasta de los demás reinos de seres vivientes sobre la Tierra, que han experimentado retraso en su evolución, como consecuencia de la "caída del Hombre", su hermano mayor. Tal es el aspecto omniincluyente de Su trabajo redentor.

A primeras horas de la mañana de la primera Pascua, varias mujeres llegaron al sepulcro vacío, además de la bendita madre María y de María Magdalena. Eran: La hermana de la madre de la Virgen; la también María, madre de Judas (Tadeo) y Santiago (el Menor); Salomé y Juana, esposa del mayordomo de Herodes, Chuza. Todas las mujeres estaban allí, preparándose para entrar en la Muerte Mística y experimentar la iluminación que sigue al Rito de la Resurrección. Los dos ángeles que vieron en el sepulcro vacío representan el purificado cuerpo de deseos y el luminoso cuerpo etérico del candidato que está preparado. Que, incluso, más elevada consecución esperaba a estas mujeres, se deduce de las palabras que el Maestro les dirigió, ordenándoles: "Id a Galilea y allí me reuniré con vosotras". Según el Zohar, "la resurrección completa comenzará en Galilea. La resurrección de los cuerpos - continúa afirmando - será como el abrirse de las flores. No habrá ya necesidad de comer o beber, porque seremos alimentados por la gloria del Shekinah".

Los esenios, que tan reverentemente preservaron los conocimientos de los Misterios Pascuales, continuaron entonando oraciones e himnos de alabanza durante la noche del Sábado Santo y el Amanecer de Pascua, a lo largo de los años en que su grupo fue activo.



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