domingo, 19 de noviembre de 2017

Clave número cuatro La transfiguración - en you tube -


CLAVE NÚMERO CUATRO
La transfiguración

Durante el curso de Su ministerio, Cristo se esforzó por ayudar a Sus discípulos más avanzados - Pedro, Santiago y Juan - a comprender algo del profundo misterio de Su misión. Les dio la evidencia de Sus poderes sobrenaturales en Su gloria celestial. Les enseñó cómo elevar sus conciencias hasta poder contemplar la radiación de Su cuerpo de arcángel. Casi anonadados por Su ser transfigurado, cayeron ante Él de rodillas en señal de reverencia y adoración.

Orígenes dice lo que sigue con relación a la exaltada experiencia vivida por los discípulos privilegiados contemplando la gloria de Cristo en el monte: "Os preguntaréis si, cuando Él se transfiguró ante aquéllos que Él mismo había llevado a lo alto de la montaña, lo vieron en la forma de Dios en la que Él existía antes; pues bien, para los que estaban debajo, Él tenía la forma de un siervo, pero para aquéllos que lo siguieron seis días más tarde, no tenía ese aspecto, sino la forma de Dios".

Como se dijo a lo largo del capítulo dedicado a Cristo en el Antiguo Testamento, muchos de los más avanzados maestros y profetas de esa Dispensación prepararon a sus discípulos para la venida de Cristo. Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplaron con reverente asombro el sublime espectáculo de Cristo transfigurado, vieron, de pie junto a Él, a Moisés y a Elías, dos de los más elevados iniciados de los días del Antiguo Testamento, que habían trabajado preparando a sus seguidores para la venida de Cristo.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS
 Corinne Heline

* * *

Clave número cinco Getsemaní - en you tube -

CLAVE NÚMERO CINCO
Getsemaní

Era misión de Cristo el identificarse a Sí mismo con el destino de la Tierra y de su Humanidad. Éste era el trabajo final que había de llevar a cabo antes de la Crucifixión. Y fue durante esa prueba terrible cuando consiguió Su plena identificación con el destino de la raza humana.

Cristo había compartido la más extraordinaria experiencia de Su ministerio con los mismos discípulos avanzados, Pedro, Santiago y Juan. Ahora los llamó para compartir también con Él la hora más oscura y agónica de Su permanencia en la Tierra. Esperaba que ellos le asistieran durante ese trabajo. Pero ese trabajo fue para Cristo, nuestro glorioso modelo, como ha sido para todo aspirante que ascienda el Sendero: Nadie, salvo el Padre, compartió con Él la hora más negra. Por eso el Evangelio dice que Sus más iluminados discípulos se durmieron. No estuvieron a la altura de la guardia para la que habían sido llamados.

Su incapacidad para medir las demandas de la trágica ocasión y la pérdida con ello de la oportunidad de prestar un servicio inimaginable, es una advertencia para todos los que se dedican a Cristo. Salvo que hayan adquirido la necesaria preparación, no serán conscientes de lo que está ocurriendo y no prestarán oídos a la llamada de Su Señor y Maestro.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS
Corinne Heline

* * *

Clave Número Seis La crucifixión - en you tube -

CLAVE NÚMERO SEIS
La Crucifixión

El Bautismo anunció el comienzo del ministerio del Señor Cristo para la Tierra y para el hombre; mientras que la Crucifixión marcó el momento más importante de dicho ministerio. En la Crucifixión, el que vino como mediador entre los cielos y este plano, penetró en el corazón de la Tierra y se convirtió en su Espíritu Interno. Desde entonces Su ministerio ha sido, tanto desde dentro como desde la esfera exterior. El corazón de la Tierra es Su centro planetario. Cada año, la fuerza de Cristo penetra en ella con crecientes intensidad y volumen, haciéndosele cada vez más fácil encontrar un habitáculo en el corazón humano. Esta fue la maravillosa revelación que le sobrevino a San Pablo camino de Damasco y que él luego incorporó a las enseñanzas que impartió a sus discípulos.

Los que aseguran que Cristo, como persona, nunca vivió, que Su vida no es sino un recurso simbólico del Sendero de la Iniciación, y que la Crucifixión es también simbólica, no conocen lo verdaderamente esencial de la cristiandad esotérica o mística.

Mil años con el Señor no son sino como un solo día. En el Segundo Día de la Creación a que se refiere el Génesis (Período Solar), los arcángeles estaban pasando por una etapa de su evolución, similar a nuestra actual condición humana. Sus vehículos más densos eran de materia de deseos o astral (el cuerpo etérico no se hizo manifiesto hasta el siguiente Período, el Lunar; mientras que el cuerpo físico no lo hizo hasta el presente Período Terrestre). Cristo era el jefe de esa oleada de vida arcangélica, y era el guardián de la Tierra en formación. Tuvieron que pasar eones hasta que el planeta estuvo preparado para albergarlo en su mismo centro.

Cuando el sol pasaba, por precesión, por el signo de Aries, el Cordero vino como el Buen Pastor para las ovejas que se habían extraviado. Cuando el sol pasaba, por precesión, por el signo de Libra, hace aproximadamente diez mil años, comenzaron los preparativos para Su venida. Se enviaron Maestros iniciados a las diferentes partes del mundo, todos con un mensaje similar: Formar un círculo íntimo de discípulos para ese glorioso acontecimiento: La venida de la Luz del Sol, que había de convertirse en la Luz del Mundo. A medida que pasaba el tiempo, la preparación se fue haciendo más definida. A China llegó Lao Tsé y la adoración de Kwan Yin, que representa la Divinidad Femenina. En Egipto, la adoración se centró en Osiris e Isis; en Babilonia, en Izdubar e Istar; en Grecia, en Apolo y Atenea; en la
India, Buda y su madre Maya; en Persia, Zoroastro y Ainyahita; y, finalmente, en Palestina, Jesús y la Virgen María. A lo largo de las edades, esos discípulos que eran conscientes de "la encarnación por venir", estuvieron preparándola. Y no fueron menos, entre ellos, los tres Magos de Oriente.

San Agustín recoció esa preparación, edad tras edad, para la venida de Cristo.

Dice: "Lo que hoy se denomina religión cristiana existía entre los antiguos y nunca cesó de existir, desde el origen de la raza humana hasta que el mismo Cristo llegó, y el hombre comenzó a llamar cristianismo a la verdadera religión que ya existía antes" El Cristianismo continuó donde las revelaciones previas se habían quedado.

Existía una íntima relación entre los Misterios Cristianos primitivos y los Misterios de Mitra, en Persia. Se dice que Tertuliano había sido iniciado de la Escuela Persa antes de contactar el cristianismo. San Jerónimo, por su parte, escribe sobre esos misterios con tal conocimiento que es muy probable que perteneciera a su círculo íntimo. Como en todas las escuelas esotéricas, los Misterios de Mitra constaban de siete grados. Los siete grados eran nombres simbólicos de adquisiciones específicas. El Primer Grado, que siempre trata del dominio por el hombre de su naturaleza inferior, se conocía como El Cuervo. El Segundo era El Ocultista; el Tercero, El Guerrero; el Cuarto, El León. El Quinto era el más
importante y el más profundo en sus efectos. A esas alturas el Iniciado había ya adquirido completo autodominio y se le daba el nombre del país al cual pertenecía.

Por eso, en la Escuela de Mitra, a un iniciado de Quinto Grado se le llamaba El Persa.

Rudolf Steiner dice lo siguiente sobre este Quinto Grado: "En el Quinto Grado el neófito ya estaba preparado para una ampliación de conciencia que le iba a proporcionar el convertirse en el guardián espiritual de su pueblo, cuyo nombre le era conferido. Un Iniciado de Quinto Grado era elevado a una esfera en la que participaba en la vida arcangélica. Para capacitar a los arcángeles para dirigir correctamente a un pueblo, hay que ser un Iniciado de Quinto Grado. Estos Iniciados eran intermediarios entre los líderes del pueblo y el pueblo mismo".

Con la venida de Cristo, los Misterios asumieron una forma más exaltada que nunca hasta entonces, porque en la Escuela de Misterios Cristiana, las sublimes enseñanzas de Cristo se sumaron a las de los Antiguos Misterios. Estos Misterios incrementados serán la piedra angular de la nueva religión de Acuario. Como se ha dicho ya, el nombre iniciático de San Juan fue Lázaro y él fue el primero en ser iniciado en estos sublimes Misterios. Mediante ellos, venció a la muerte y abrió las puertas de la inmortalidad, y quienes sigan sus pasos podrán entrar en el glorioso privilegio de ser uno de los discípulos que Cristo mantiene junto a Su corazón.

Durante el intervalo entre la Crucifixión y la Resurrección, Cristo trabajó para purificar el cuerpo de deseos (astral) del Planeta, un cuerpo que la Humanidad había de tal modo infestado de mal, que la evolución del hombre se estaba retardando enormemente. Ya no había sustancia de deseos apropiada para formar cuerpos astrales puros. La oscura capa miasmática que rodeaba la tierra creaba unas condiciones que hacían que muchas personas fuesen presa fácil de entidades obsesoras pegadas a la tierra, a las que la Biblia llama "malos espíritus" que hay que expulsar.

En el momento de la Crucifixión Cristo rasgó el velo del Templo de la Iniciación, haciéndola posible para "cualquiera que desee venir" y compartir las aguas de la vida eterna. Esto está bellamente simbolizado por la afirmación bíblica de que "el velo del Templo se partió en dos". Como se ha dicho antes, a la luz del cristianismo esotérico está claro que la misión de Cristo no concluyó con la Crucifixión. Entonces fue cuando Él, verdaderamente, se convirtió en el Cristo Planetario.

En el Equinoccio de Otoño de cada año Él reencarna en la esfera física terrestre y trabaja en ella durante los seis meses en los que el Sol pasa por los signos zodiacales situados por debajo del ecuador. Entonces limpia y purifica la envoltura astral del planeta, en cuya labor le asisten Miguel y sus huestes de arcángeles. Así, año tras año, los hombres pueden incorporar a sus cuerpos físicos material de deseos cada vez más puro. Desde el tiempo de Pascua hasta el Equinoccio de Otoño, mientras el Sol transita por los signos al norte del ecuador, el Señor Cristo trabaja en la envoltura espiritual de la Tierra, impregnándola de fuerzas espirituales elevadas provenientes de las Jerarquías Zodiacales que rodean el sistema solar. Este es el proceso cósmico mediante el que está siendo confeccionado el "dorado vestido de bodas" de la Tierra.

Nunca jamás volverá Cristo a descender a un cuerpo físico para caminar entre los hombres. En adelante, Su actividad se centrará en el plano etérico, bíblicamente conocido como el Jardín del Edén. Los que sirvan con Él en esta edénica morada habrán tejido su propio "vestido de bodas"; en otras palabras, habrán construido cuerpos etéricos capaces de funcionar en el plano etérico. Un tal vehículo sólo puede confeccionarse de una manera: Mediante la dedicación de uno mismo al servicio de los demás.

Cuando la Humanidad se haga crística, los elementos físicos de la Tierra se irán progresivamente refinando hasta que toda la raza, literalmente "viva, se mueva y tenga su ser" en el plano etérico. Entonces se cumplirá el propósito para el que este planeta nació. Cristo habrá completado Su sublime misión y una raza crística vivirá entre las glorias de "un nuevo cielo y una nueva Tierra".

El del Gólgota fue el momento más importante de todos los acontecimientos mundiales. Se sitúa entre los nueve Pequeños Misterios precristianos y los cuatro Grandes Misterios establecidos por el propio Señor. Cuando las escuelas de Misterios precristianas enseñaban a sus discípulos a prepararse para "el Gran Uno que había de venir", las enseñanzas iban acompañadas por la visión de un hombre clavado a una cruz. Cuando la sangre de Cristo fluyó en el Gólgota, se convirtió en el Señor interno de la Tierra, a la vez que el Señor de los cielos. Como tal espíritu interno está en más íntimo contacto con toda la Humanidad. Ello hace más fácil para los seres humanos el despertar el principio crístico residente en su interior. En la medida en que los hombres aprendan a activar ese principio, irán adquiriendo el carácter de salvadores del mundo y compartirán con Cristo Su trabajo redentor. Y, consecuentemente, se convertirán en precursores de Su segunda venida.

El arcángel Miguel, mensajero jefe del bendito Señor, tiene por misión el proporcionar a los pioneros de la Nueva Edad una más profunda comprensión del Cristo Cósmico en relación, tanto con la Humanidad como con el Planeta, así como del papel desarrollado por el Cristo Planetario en la evolución de la Humanidad. La comprensión de esto será básica en la religión de la Nueva Edad.

Quizás la fase más importante del acontecimiento del Gólgota fue la demostración dada por Cristo al hombre de que el amor es una fuerza, un poder. El hombre había considerado mucho tiempo al amor como una pasión, un sentimiento o un ideal; pero Cristo demostró cómo el poder del amor puede hacer milagros. Es el poder lo que hace que la Tierra gire sobre su eje y describa su órbita alrededor del sol. La "ley de atracción" de que hablan los astrónomos no es sino otro nombre del poder del amor.

El Señor Cristo utilizó ese poder cuando dejó el plano de los arcángeles para convertirse en Regente de la Tierra; y luego, cuando hizo el sacrificio del Gólgota en beneficio de los hombres. Y continúa haciéndolo cuando Su brillante presencia queda aprisionada en el interior del Planeta durante seis meses cada año, para renovar sus fuerzas y producir la redención de la raza. Sin duda alguna, la definición más exacta del poder del amor se encuentra en sus propias palabras: "No hay amor más grande que el de aquél que da la vida por sus amigos".

Aquellos que quieran convertirse en pioneros en el trabajo del establecimiento por el Señor de la Nueva Galilea, han de incorporar el poder del amor de su interior, viviendo vidas de tal pureza y servicio inegoísta que los califiquen para asumir la dirección de la Tierra y continuar la redención de la Humanidad. Sólo mediante tal servicio podrá Cristo ser liberado de Su voluntario lazo con la mortalidad y podrá volver a ascender a su hogar arcangélico en el que Él es el supremo iniciado.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS
 Corinne Heline
* * *

Clave Número Siete La Resurrección - en you tube -

CLAVE NÚMERO SIETE
La Resurrección

A través de las eras, a los discípulos se les ha enseñado que el Grado de la Resurrección marca la culminación del Sendero de la Iniciación. Señala igualmente el definitivo triunfo de la vida sobre la muerte. Los antiguos decían que los hombres conocen sólo la muerte, mientras que los dioses conocen sólo la metamorfosis. La transmutación de la muerte en vida eterna se realiza en el Grado de la Resurrección.

Cristo, el sublime indicador del Sendero de la Iniciación, dejó Sus vestiduras en la tumba vacía para simbolizar la supremacía y autoridad del espíritu sobre una personalidad limitada y asociada sólo con la encarnación física.

A los discípulos avanzados de los antiguos Misterios - y a los verdaderos discípulos de nuestros días - se les enseña a tender conscientemente un puente sobre el aparente abismo entre la vigilia y el sueño, entre vida y muerte. San Pablo se refiere a esta consecución cuando dice que el último enemigo a vencer por el hombre es la muerte, un estado de conciencia que caracteriza a los avanzados que caminan por el sendero de la Iluminación. Esto será una herencia común de la raza al final del presente Período Terrestre, ya que en la conquista final de la muerte, el espíritu se libera del peso de la mortalidad.

Los cristianos místicos reconocen que el Gólgota es un acontecimiento histórico y, a la vez, un proceso anual, y que continuará siéndolo hasta que un número suficiente de personas se hayan "cristizado" para llevar a cabo la labor redentora. Mientras Cristo continúa Su servicio cíclico, innumerables seres celestiales le otorgan su reverencia y adoración en alegres hosannas. Y, en respuesta, Él entona las mayestáticas palabras: "Todo poder me ha sido conferido en los cielos y en la Tierra".

Los Misterios Menores alcanzan su clímax en el Grado de la Resurrección.

Los Grandes Misterios (los de Cristo) introducen un grado más elevado con el Rito de la Ascensión. Quienes alcanzan este grado son capaces de seguir a Cristo hasta Su propio hogar, el Mundo del Espíritu de Vida, el plano de la exaltada unidad expresada por Cristo al decir: "Yo y mi Padre somos uno". Este estado fue alcanzado por los discípulos el día de Pentecostés. Algún día será alcanzado por toda la Humanidad mediante el primero de los Grandes Misterios, establecidos por Cristo durante Su estancia en la Tierra. Repitiendo: El nivel alcanzado por la Humanidad al final de presente Período Terrestre corresponderá al trabajo del primer Misterio Mayor o Primera Iniciación Crística. Cuando los discípulos manifestaron su poder en Pentecostés, se convirtieron en hombres-dioses.

El trabajo de la segunda de las Grandes Iniciaciones se manifestará por la Humanidad durante el siguiente Período, el de Júpiter, cuando ambos, hombre y Planeta trasciendan el estado físico de la materia. Entonces funcionarán en vehículos etéricos y las condiciones terrenas serán similares a las que existían en el Jardín del Edén. Ya no habrá enfermedades, vejez ni muerte. Habiéndose incorporado al vehículo etérico superior las esencias del cuerpo físico del hombre, el primero se habrá convertido en un instrumento extremadamente sensible, con posibilidades mucho más allá de nuestra actual comprensión. Su mente estará tan espiritualizada que manifestará el poder innato de Dios, habilitándole para trabajar con la vida, tal como ésta se expresa actualmente en el reino vegetal. Este poder está siendo usado actualmente por los ángeles para crear y hacer posible el crecimiento en los seres de naturaleza vegetal. Será igualmente capaz el hombre de transmitir imágenes de su propia mente a la conciencia de los demás de modo que, si está describiendo determinada escena, su oyente verá una reproducción exacta de la misma. Quienes están siendo instruidos por los seres angélicos saben ya que el desarrollo de la conciencia pictórica es una parte esencial de sus enseñanzas.

Con el Rito de la Asunción, la Virgen María fue elevada a vivir con los ángeles. En la maravillosa belleza de su etérico hogar, ella posee las facultades que prevalecerán durante el Período de Júpiter. Es, por tanto, el perfecto modelo para el discípulo de la Segunda Iniciación Cristiana, y para toda la Humanidad, durante el siguiente Período.

Mediante la tercera de las Grandes Iniciaciones, un alma a ella exaltada adquiere poderes y capacidades que no serán conocidas por la Humanidad hasta que concluya el Período de Venus. En ese avanzado estado de desarrollo el cuerpo de deseos del hombre será perfecto. Las esencias espirituales, tanto del cuerpo físico como del etérico se habrán incorporado a un vehículo aún más tenue, mientras que el deseo se convertirá en luz. Literalmente el hombre vivirá, se moverá y tendrá su ser en un cuerpo de luz. Durante el Período de Júpiter el hombre desarrollará la conciencia pictórica, como hemos dicho. Pero durante el Período de Venus se hará capaz de imprimir vida en esas imágenes.

San Juan, el amado, es el perfecto modelo de la Humanidad del Período de Venus y del discípulo que traspasa la Tercera Iniciación de Cristo. Por eso Juan, el modelo Venusiano, es el discípulo que llegó más cerca del amante corazón de Cristo.

Su maravilloso Evangelio es una declaración inigualable sobre el ilimitado poder del amor.

Durante el Período de Vulcano, que corresponde a la cuarta de las Grandes Iniciaciones (de Cristo), el hombre alcanzará la divina perfección. Las esencias espirituales de sus cuerpos físico, etérico y de deseos serán incorporadas al vehículo mental, de modo que entonces poseerá "esta mente que estuvo también en Cristo Jesús". Esta fuerza creadora de vida se enfocará en el corazón, el centro del amor. Su laringe se convertirá en un órgano de creación, mediante el poder de la palabra hablada. Y así la generación será exaltada hasta la re-generación. Cristo mismo es el modelo del hombre perfecto del Período de Vulcano. Él es también el primer Iniciado en pasar a las glorias de la cuarta y última de las Grandes Iniciaciones. Y a este exaltado estado final se refería David, un alto iniciado de la Dispensación del Antiguo Testamento en sus inspiradas palabras:

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
El ser humano para que lo visites?.
Lo hiciste poco menos que un dios,
Lo coronaste de gloria y dignidad.
(Salmos 8:4-5)

(1) En el original se relacionan sólo diez centros o chakras, aunque en el párrafo anterior se habla de doce. Y ello, bien por error, bien por no querer insistir en los centros bajo el diafragma, peligrosos si se despiertan prematuramente.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS

Sintonizados con el ritmo de los doce - en you tube -


QUINTA PARTE

EL CICLO ANUAL CON CRISTO

CAPÍTULO XL

SINTONIZADOS CON EL RITMO DE LOS DOCE

En los momentos actuales, sólo muy pocas personas tienen una comprensión espiritual de las fiestas eclesiásticas comúnmente celebradas. Aunque la iglesia de Roma y la iglesia de Inglaterra celebran muchas de estas festividades, su significado interno se perdió hace largo tiempo. Como se ha dicho en los volúmenes anteriores de la Interpretación de la Biblia para la Nueva Edad, el Misterio Cristiano del Templo está situado en los éteres, sobre la ciudad de Jerusalén. Es en esa elevada y sagrada área en la que tales fiestas tienen su origen y allí es donde continúan celebrándose con todo su esplendor y majestad. Durante su observancia se derrama sobre la tierra un poder espiritual dinámico. Éste es uno de los muchos canales empleados por Cristo para la espiritualización del Planeta.

Octubre - Noviembre - Diciembre

Cuando el Sol entra en Libra, lo cual anuncia la llegada de octubre, la dorada fuerza de Cristo pasa a los planos terrestres, ya que empieza de nuevo, este sublime Ser, Su anual sacrificio, acontecimiento denominado la Crucifixión Cósmica. A ello se refiere San Pablo en Romanos 8:22 al decir: "Sabemos bien que hasta el presente la humanidad entera sigue lanzando un gemido universal con los dolores de su parto". En esta época del Equinoccio de Otoño un discípulo debe renovar su decisión de caminar por el sendero del Señor, a despecho de las vicisitudes y obstáculos que le salgan al paso.

Durante el mes de noviembre, la fuerza de Cristo impregna al cuerpo de deseos de la Tierra. Entonces el discípulo debe esforzarse por purificar su naturaleza inferior con el fin de ayudar al Gran Uno en Su trabajo de limpiar la envoltura astral de la Tierra. Debe, especialmente, intentar convertirse en un canal de servicio más eficiente, como Auxiliar Invisible y como auxiliar visible.

Durante los primeros días de la manifestación humana, una parte del trabajo realizado por la Jerarquía de Escorpio, que preside el mes zodiacal de noviembre, consistió en despertar el Ego del hombre, ayudándole así a completar su individualización. Durante el estadio presente de la humana evolución, el discípulo, trabajando bajo la jurisdicción de los Señores de la Individualidad (Libra) y los Señores de la Forma (Escorpio), aprende a transformar la presunción en humildad y a sacrificar el "Yo" personal al impersonal "nosotros"; en otras palabras, a vivir el ideal de el mayor bien para el mayor número.

La época de Adviento se extiende a lo largo del mes de diciembre y se la conoce como el Festival de la Luz. Los impulsos espirituales de la estación preparan a la Humanidad para el derramamiento de fuerzas celestiales que acompañan al renacimiento anual del Cristo Cósmico en nuestra esfera terrestre. Al Adviento le sigue el Solsticio de Invierno, que tiene lugar entre el 21 y el 24, y que culmina en el gran Festival del 25 de diciembre. La Navidad ha de seguir siendo una observancia externa para el aspirante hasta que Cristo nazca en su interior. Y en el grado en que experimente ese despertar, será capaz de participar en el elevado éxtasis espiritual de la más sagrada de las estaciones.

Enero - Febrero

Los Doce Días Santos comienzan el 26 de diciembre y tienen su clímax el 6 de enero con la Fiesta de la Epifanía. Esta fiesta conmemora la llegada de los tres Hombres Sabios con sus ricos presentes para el Niño en el pesebre. En el Sendero del Discipulado, la Fiesta de la Epifanía significa la triple dedicación del discípulo de su espíritu, su alma y su cuerpo, acompañados de regalos de amor, vida y servicio, al Cristo Niño. La influencia espiritual de esta fiesta se extiende a todo el mes de enero. Durante el mismo, el discípulo intenta cultivar esos atributos espirituales y hacerlos patentes mediante una más profunda dedicación a Cristo.

En febrero empieza una preparación especial para la estación Cuaresmal, cuando el aspirante experimenta disciplinas específicas para ir haciendo al espíritu el elemento más importante de cada pensamiento, palabra y obra. La palabra febrero viene del latín Februarius, nombre dado a la fiesta romana de la Purificación que se celebraba el día decimoquinto del segundo mes del año. Durante los primeros días de febrero la iglesia celebra igualmente la Fiesta de la Purificación como trabajo inicial de la época de Cuaresma. Un discípulo místico cristiano la observa como tiempo de triple purificación, tratando de purificar su cuerpo físico con los alimentos más puros; su cuerpo de deseos mediante actos virtuosos; y su cuerpo mental mediante castos pensamientos y palabras de verdad.

Estas disciplinas son a guisa de preparación para la gran transmutación que es el momento culminante de cada observancia anual. Tanto la mente como el cuerpo del aspirante han de sensibilizarse, si ha de tomar parte en el derramamiento extático de esta celebración cósmica. Por eso la iglesia bendice los cirios que se emplearán durante el año siguiente. Para un cristiano místico las velas simbolizan la "luz del mundo", el bendito Cristo. En la Cuaresma se consagra a sí mismo de nuevo al servicio de Cristo y se esfuerza por ser portador de la luz que, según San Pablo, está también en el propio Cristo.

Marzo - Abril - Mayo

La resurrección cósmica tiene lugar en Marzo, cuando el Espíritu de Cristo se libera de la esfera terrestre y pasa a los planos espirituales más elevados. Las Jerarquías, tanto de Aries como de Piscis, se unen a los ángeles y arcángeles en la triunfante celebración de este acontecimiento. El ritmo de su himno cósmico fue plasmado por Händel en su Alleluja. Los ceremoniales precristianos que celebraban el regreso de la primavera y la victoria de la luz sobre las tinieblas estaban también sintonizados con esos mismos ritmos.

El Equinoccio de Primavera es para el discípulo uno de los puntos culminantes del año. Sus notas clave son la libertad y la emancipación, que conducen a una vida más extensa. Es también el tiempo en el que el Cristo Cósmico queda libre de los grilletes que Lo han mantenido esclavo durante los meses del invierno. Así que es el momento más propicio para que un discípulo avanzado rompa los lazos que le atan y penetre en la gozosa libertad del espíritu.

La iglesia celebra la fiesta eclesiástica de la Anunciación en marzo, cuando la naturaleza celebra también el festival cósmico de la Anunciación, pues hay una íntima relación entre el hombre y la naturaleza. La naturaleza es Dios en manifestación. El hombre es un dios en formación. Por ello uno refleja al otro. Los rituales más santos observados por el hombre están sintonizados con los cambios de estación. Los poetas cantan alabando al santo espíritu de la primavera mientras el esplendor verde y oro de la naturaleza evidencia que las retornantes fuerzas de la vida responden en triunfo al impulso cósmico de la resurrección.

Un seguidor avanzado del Sendero comprende que ha llegado el momento de fundir el dolor y las lágrimas de su vida personal (Piscis) con las fuerzas transformadoras de Aries. Si así lo hace, se une al imponente coro, respondido, como un eco, por ángeles y arcángeles, y que canta: "Cristo ha resucitado porque Cristo ha nacido en mí".

A abril se le denomina el mes de la resurrección. Y es entonces cuando las fuerzas que surgen de nuevo, alcanzan su culminación y la naturaleza se convierte en una gloriosa sinfonía de belleza y color.

El Viernes Santo es el día más santo para el cristiano místico. Los cristianos ortodoxos lo celebran con penitencia y luto porque sus pensamientos están centrados en los sufrimientos y en la crucifixión del Salvador. Los cristianos místicos, sin embargo, lo celebran con un profundo gozo y agradecimiento internos porque indica la liberación del Señor tras el medio año de encarcelamiento en los límites físicos de la Tierra, y Su ascensión triunfal a mundos más elevados. Comprenden que Su sacrificio y Su Resurrección son un servicio redentor por la Humanidad, un servicio que no terminará nunca hasta que la Humanidad, como un todo, sea espiritualmente libre.

Cuando Cristo asciende ese día santo, los planos internos toman la apariencia de una masa fundida de refulgente oro. En la leyenda del Santo Grial, se les enseña a los caballeros que el Viernes Santo desciende del cielo una paloma para rellenar la sagrada copa con el agua de la vida, para que puedan así los caballeros recibir alimento espiritual a lo largo del año siguiente. Y así es como el Señor, en Su Ascensión, va derramando Su amor y Su mismo Espíritu para alimentar todo ser viviente sobre el plano terrenal. Si no fuese por ese suministro anual, el trigo no produciría grano ni las vides darían fruto. A la luz de este hecho se puede ver que Cristo expresó literalmente una profunda verdad cuando, durante la última Cena, dijo a Sus discípulos: " Esto (el pan) es mi cuerpo que será entregado por vosotros... Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre, que es derramada por vosotros".

Participando del sagrado Rito de la Eucaristía en Viernes Santo, uno está participando del cuerpo y de la sangre espirituales del bendito Señor, ya que los ritos potencian las energías espirituales. Tras esa participación, el aspirante debe esforzarse por despertar más completamente el proceso de transmutación en su interior. Debe esforzarse por despojarse de lo viejo y vestir lo nuevo, siendo su ideal el sumergir el hombre terreno en el hombre celeste. Desde ese momento ha de demostrar que, verdaderamente, está hecho a imagen y semejanza de Dios.

Junio - Julio - Agosto

Una de las fiestas más hermosas del año es ésta de la Ascensión, que se celebra, aproximadamente, cuando el Sol pasa de Tauro (mayo) a Géminis (junio).

Entonces, falange tras falange de seres celestiales se postran en adoración ante la exaltada presencia de Cristo y las mismas estrellas se unen en una sinfonía que proclama Su majestad y Su gloria. Durante esta sagrada fiesta, Su radiación penetra en la Tierra impregnándola con una refulgencia que excede toda descripción, haciendo brillantes, tanto el mundo físico como los mundos espirituales. Y, como la naturaleza está en perfecta armonía con esas corrientes in crescendo de Cristo, ese período de cuarenta días entre la Resurrección y la Ascensión, es de tal contenido espiritual que se convierte en un tiempo apropiado para que el discípulo desarrolle en su interior los poderes de la clarividencia, la clariaudiencia y otras facultades del espíritu, que pertenecen al verdadero discipulado.

El octavo día de la Ascensión se celebra la fiesta de Pentecostés, que sintetiza las experiencias de los primeros discípulos que vivieron íntimamente con Cristo durante el período mencionado. El día de Pentecostés se convirtieron en hombres y mujeres crísticos, adecuadamente equipados para el trabajo de establecer Su Reino en la Tierra. El santo día conmemorativo de tal acontecimiento es, de hecho y en verdad, el Whitsun (Pentecostés en inglés, significando "el sol blanco"), el domingo blanco del alma; y constituye la máxima consecución posible en este planeta.

En la iglesia exotérica, la octava de Pentecostés se conmemora la triple actividad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Se conoce como el domingo de la Trinidad y marca el fin de las fiestas espirituales del año. Ya no se observan más fiestas hasta el comienzo de la época de Adviento. Sin embargo, el significado esotérico del domingo de la Trinidad hace mucho que se olvidó, aunque siga siendo importante, ya que la iglesia cuenta todos los domingos desde la Trinidad hasta Adviento como primero, segundo, tercer domingo, etc., "después de la Trinidad".

Los cristianos esotéricos, sin embargo, comprenden algo del significado de la celebración de la Trinidad. Saben que el domingo de la Trinidad simboliza, por así decirlo, el trabajo supremo de Cristo en el ciclo anual y que, durante los tres meses del verano - Junio, Julio y Agosto - Cristo trabaja al unísono con el Dios Trino y con las tres Jerarquías de Géminis (Serafines), Cáncer (Querubines) y Leo (Señores del Amor) rellenando, energizando y espiritualizando la Tierra y todo lo que en ella existe.

Cuando el Sol entra en Géminis, en el mes de junio, Cristo pasa al Tercer Cielo que, en terminología rosacruz, es el Mundo del Pensamiento Abstracto. Es la esfera más elevada de las alcanzadas por la Humanidad en el ciclo de renacimientos y en su actual nivel de desarrollo. El Primer Cielo es el mundo del color; el Segundo, es el mundo del tono; el Tercero es el mundo de las Ideas Abstractas. Es éste un mundo de pura luz blanca en el que un alma iluminada aprende a escuchar la Voz del Silencio.

Durante el mes de junio, Cristo se convierte en un canal para las radiaciones emitidas por los Serafines, la Jerarquía de Géminis. Los contacta por medio del Espíritu Santo, el tercer aspecto de la Trinidad. Una de las notas clave de Géminis es la actividad; ésta es también la nota clave del Espíritu Santo. Mediante su actividad, los Serafines traspasan los misterios del Espíritu Santo al signo opuesto de Géminis, Sagitario, los Señores de la Mente. Allí esperan que el hombre desarrolle su iluminación hasta ser capaz de comprender y aplicar el inmenso poder del Espíritu Santo en su vida diaria. Aunque la Humanidad sólo es capaz aún de percibir débilmente los misterios relacionados con el principio y poderes del Tercer Aspecto de la Trinidad.

Durante el período de tránsito del sol por el signo de Géminis, el discípulo hará bien en dedicar el mayor tiempo posible a meditar sobre el principio de la polaridad, pues es el mes más apropiado del año para recibir revelaciones esotéricas sobre esta materia profundísima. Si es posible, el Zohar, "el Libro de Luz", como fue inicialmente conocido, es recomendable para estudios sobre este tema.

Cuando el sol entra en Cáncer, en el mes de julio, Cristo asciende a su propio hogar, el Mundo del Espíritu de Vida, el plano en el que la unidad y la armonía reinan supremas; es también el nivel de conciencia contactado por los discípulos el día de Pentecostés. Y será alcanzado por la porción más avanzada de la Humanidad al finalizar el presente Período Terrestre. En este momento del año, mediante el trabajo del Cristo Cósmico, el Hijo, el Verbo y Segundo Aspecto de la Trinidad, nuestro bendito Señor, contacta con la Jerarquía de Cáncer, los Querubines. Estos seres celestiales son los guardianes de todos los sitios sagrados del cielo y de la Tierra y contienen, dentro de sí, el gran misterio de la vida. Bajo la dirección de Cristo, este sagrado misterio se traspasa desde Cáncer a su signo opuesto Capricornio, quedando a cargo de los Ángeles.

Por esa razón los Salvadores del Mundo que vienen a la Tierra proclamando el misterio del Sagrado Nacimiento, nacen bajo el signo de Capricornio. La observancia conocida eclesiásticamente como Fiesta de San Juan, que fue el Precursor de Cristo, tiene lugar durante el Solsticio de Verano.

En julio, el alma de la Tierra se sumerge en puro éxtasis. Los cielos se comban hacia abajo mientras la Tierra es elevada a lo alto. Con ese divino intercambio de fuerzas espirituales se consuma el Matrimonio Místico entre el Cielo y la Tierra.

Durante un intervalo de cuatro días, son silenciadas las corrientes de deseos para que las fuerzas espirituales puedan reinar supremas y la Tierra se llena con la pura luz del espíritu. Todo discípulo que aprenda a sintonizarse con este poderoso influjo accederá a un nivel de conciencia espiritual nunca soñado. Si dedica mucho tiempo a la meditación durante este período, descubrirá igualmente un profundísimo y aclaratorio significado de la fórmula fundamental de la Creación, dada por San Juan:

En el principio era el Verbo,
Y el Verbo estaba con Dios,
Y el Verbo era Dios.
Él estaba al principio con Dios.
Por Él fueron hechas todas las cosas
Y nada de lo que ha sido hecho, se hizo sin Él.

Juan 1:1-3

Cuando el sol alcanza el punto más elevado en su ascensión hacia el norte, Cristo asciende igualmente al mundo espiritual denominado el Trono del Padre. Se le conoce en la terminología rosacruz como el Mundo del Espíritu Divino, el hogar del Dios de este sistema solar. Dios es Amor y Dios es Luz. Amor y Luz son notas clave de la Jerarquía de Leo, los Señores de la Llama (Amor). Bajo la supervisión de los Señores de la Llama y junto a los poderes del Padre, Primer Aspecto de la Trinidad, Cristo trabaja con el poder supremo del amor, la fuerza estabilizadora de la Tierra.

Para ello, se convierte en el canal de la fuerza, gracias a la cual hace girar la Tierra sobre su eje y recorrer su órbita en torno al Sol. Este poder del amor es traspasado por la Jerarquía de Leo a su signo opuesto, Acuario; por eso será el poder que animará la nueva Era de Acuario.

Durante esta época, el discípulo debe esforzarse por convertir el amor en la fuerza motivadora de su vida. Debe aspirar a embellecer cada una de sus palabras, pensamientos y obras con su magia. El decimotercera capítulo de la Segunda Epístola a los Corintios, uno de los más grandes cantos del alma al amor, es el mantra perfecto, tanto para la meditación como para el esfuerzo, durante el período en el que el sol transita el signo real de Leo.

Septiembre

En septiembre el Bendito Señor sale de la gloria de los más elevados mundos celestes y comienza su descenso hacia los planos físicos. Durante todo el mes, la tierna y anhelante belleza de la naturaleza es como la de ninguna otra estación, porque Cristo está acogiendo a la Tierra como una llueca acoge a sus polluelos, con el mismo amoroso dolor que sintió cuando lloró por Jerusalén, hace muchos años. Él vertió aquellas lágrimas porque sabía las largas eras de dolor y sufrimiento que la Humanidad había de vivir aún por haber buscado la oscuridad en lugar de la luz. Su gran corazón se acongojó por las oscuras nubes que cubrirían Jerusalén, el verdadero corazón del Planeta, al que se había dedicado a servir y sobre el que estaba derramando todo Su inmenso amor.

Septiembre es otro mes de preparación para el discípulo. Una de las notas clave de Virgo es sacrificio. Un discípulo serio, que se prepare mediante el sacrificio y la autorrenunciación para tomar parte en el festival de invierno, meditará frecuentemente sobre la nota clave espiritual de Virgo: "El que quiera ser el primero, sea el último y el servidor de todos". Marcos 9:35.

Con el sol entrando el Libra y las fuerzas de octubre impregnando la Tierra, llega el festival del Equinoccio de Otoño. En el camino de Damasco, a San Pablo se le concedió el que viera, en la memoria de la naturaleza, el ciclo Crístico. En cuanto comprendió la verdadera importancia de este sacrificio anual del Espíritu del Sol, se transformó, de principal perseguidor de Cristo, en uno de Sus más ilustres mensajeros. A la luz de la comprensión de la misión de Cristo en la Tierra, Pablo hizo la suprema dedicación con las palabras. "Pues yo decidí no conocer nada entre vosotros, salvo a Cristo Jesús, y a éste crucificado". Estas palabras deberían ser la verdadera cruz de la dedicación del discípulo cuando medita, cada vez más profundamente, sobre el sacrificio anual del Señor Bendito.

El aspirante al Sendero del Logro es, a veces, elevado a la cima del monte de la exaltación y su fortaleza es renovada, para poder luego servir en los valles de abajo. Quien sigue este ciclo anual de Cristo con fe y año tras año, aprende a sintonizarse con la elevada gloria de las tres festividades de la Santa Trinidad, en verano, siendo luego conducido a hacer una más profunda dedicación de sí mismo y, con ello, a adquirir una mayor fuerza espiritual que le permita cumplir su cometido y asumir sus responsabilidades durante los próximos meses de invierno. Si progresa espiritualmente en todo lo que este período le proporciona, se hará consciente del derramamiento de bendiciones que emanan de la Virgen Cósmica, la más elevada iniciada de la Jerarquía de Virgo, los Señores de la Sabiduría. Durante el curso de este mes de preparación, el discípulo comprenderá claramente en su interior el significado de la hermosa oración de San Francisco de Asís, y ello lo hará más útil como canal para el descenso de las fuerzas de Cristo en los meses venideros:

¡Oh, divino Maestro!

Concédeme que no busque ser consolado, sino consolar;
que no busque ser comprendido, sino comprender;
que no busque ser amado, sino amar.

Porque, dando es como recibimos,
perdonando es como se nos perdona
y muriendo a nosotros es como nacemos a la vida eterna.

Cuando el discípulo considera el ciclo anual a la luz de Cristo y Su misión, comprende que cada mes es, para él, como un santuario bendito. Y si, mes tras mes, se esfuerza por encontrar el profundo significado de la vida de Cristo y de Su obra, entrará en tal sintonía con su Señor que podrá cantar con Salomón, el iluminado vidente del Antiguo Testamento: "Mi amada es mía y yo soy suyo".

Indefectiblemente, esa dedicación conducirá a que Cristo se convierta de tal modo en parte de su vida personal, que cada uno de sus pensamientos, palabras y obras no serán sino reflejos Suyos. Finalmente, alcanzará la gloriosa consecución con la unidad con el Señor, que San Pablo, el vidente del Nuevo Testamento, expresó con su exultantes palabras: "En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser".

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS