domingo, 19 de noviembre de 2017

El Cristo Histórico - en you tube -

CAPÍTULO XXXVII
EL CRISTO HISTÓRICO

"Por esa razón también, Nuestro Señor, en los últimos tiempos, abarcando
todas las cosas dentro de Sí, viene a nosotros, no como podría venir, sino como
nosotros somos capaces de contemplarlo; porque Él podría haber venido en Su
incorruptible gloria, pero nosotros no hubiéramos podido nunca soportar la
grandeza de esa Su gloria".
Ireneo (185 d. C.)

"Jesús nació de la estirpe de David según la carne (Epístola a los Romanos
1:3) y, como Hijo de Dios, en cuanto a Su primera esencia"
Orígenes

"Tomó la forma de un siervo y, aunque Él era de una naturaleza invisible por
ser igual al Padre, tomó una apariencia visible y se le vio con aspecto humano".
Ibid

"El Unigénito Verbo de Dios, que es Dios de dioses, se despojó a Sí mismo,
según las Escrituras, descendiendo voluntariamente a lo que no era, y revistiéndose
con esta gloriosa carne. Se ha dicho después que fue muy exaltado y recibió el
nombre que está sobre todo nombre, como si, por causa de Su humana naturaleza,
no lo tuviera, y fuera casi como un favor. Pero, la realidad es que no se trató de un
donativo de algo que originalmente no le perteneciera. Nada más lejos de la verdad.
Debería mejor considerarse como una recuperación de lo que le perteneció desde el
principio substancialmente y, por tanto, como una gran pérdida. Por eso cuando, ya
encarnado, estaba sometido a la naturaleza humana, dijo: Padre, glorifícame con la
gloria que yo tenía, etc. (Juan 17:5), porque Él existió siempre en la gloria, con Su
Padre, antes de todos los tiempos y antes de la creación del mundo".
Hipólito

"Espera a Aquél que está más allá de los tiempos, eterno e invisible, que, por
nosotros, se hizo visible; que era intangible; que era inaccesible al sufrimiento y
sufrió por nosotros; que padeció de varias maneras por nosotros".
Ignacio, en su Epístola a Policarpo

"Él es, en todos los sentidos, también, un hombre creatura de Dios; y, por
ello, subsumiendo a toda la Humanidad dentro de Él, lo invisible se hizo visible, lo
incomprensible se hizo comprensible, lo imposible se hizo posible, y el Verbo se hizo
hombre".
Ibid

"Cristo es hombre y Dios, formado con ambas naturalezas para que pudiera
ser mediador entre nosotros y el Padre".
Cipriano


LA NATIVIDAD

En el comienzo de la evolución humana, relatada bíblicamente en la historia de Adán y Eva, la raza humana cayó bajo la influencia de los Espíritus Luciferes, y dejó de poder vivir en los planos etéricos o Jardín del Edén. Un descenso en su tasa vibratoria la proyectó a la condición material densa, aún existente, bajo la cual el hombre quedó sometido a los sentidos y sus consiguientes limitación y dolor. Hubo, sin embargo, algunos seres humanos que no sucumbieron a las tentaciones de los Luciferes, sino que permanecieron como ángeles puros. Entre ellos estaban esos egos sublimes que conocemos como el Maestro Jesús y Su perfecta madre, la bendita María. Por eso, en la Asunción, María pudo ser trasladada fácilmente del plano físico al etérico. Los ángeles no tienen ni siquiera idea de la pasión humana, así que María, estando libre de manchas terrenales, se encontraba en su hogar con los ángeles.

Aquella santa noche en que el ego, a quien conocemos como Jesús, vino a vivir a la Tierra, las fuerzas espirituales que lo acompañaron fueron tan poderosas que, a pesar del transcurso de miles de años, continúa resonando su eco, en conmemoración de aquel nacimiento. La elevada fuerza espiritual que envolvió al Planeta en aquella maravillosa ocasión, ha sido la causa de numerosas y hermosas leyendas. Se ha dicho que los rosales florecieron repentinamente, en medio de la nieve; que extrañas flores encantadas, portadoras de rostros angélicos grabados en sus pétalos, brotaron con superabundancia; que, en los establos y campos de todo el mundo, el ganado se arrodilló como en oración, mientras los ángeles entonaban un himno de paz y buena voluntad entre los hombres.

LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO

Repetimos que cada acontecimiento en la vida del Maestro, representa una etapa en el Sendero del Discipulado. La Presentación en el Templo representa la dedicación. Un aspirante se rededica a sí mismo muchas veces, obteniendo cada vez más profunda comprensión, y recibiendo mayores compensaciones espirituales.

Ana y Simeón eran ambos iniciados del Templo. Poseían la facultad de leer en el registro akásico o Memoria de la Naturaleza. Allí supieron de la sublime misión del Maestro Jesús y de la parte que le correspondía a María en su desarrollo. María era capaz de leer, aún más allá, en esos registros. Previamente, había comprendido algo de la misión del Maestro, pero entonces comprendió el sacrificio que suponía y el dolor y sufrimiento que le iba a proporcionar. Esta fue la espada que atravesó su corazón. Los misterios de los Siete Dolores de la Virgen Bendita empiezan con la Presentación en el Templo.

LA HUÍDA A EGIPTO

La Biblia es el más hermoso libro de Angeología. Fue un ángel quien dijo a José que llevara al Santo Niño y a Su madre a Egipto, y los ángeles les acompañaron durante el trayecto. Cuando el peligro pasó, los ángeles los acompañaron, de regreso, a su hogar de Nazaret. La anunciación de los nacimientos de Jesús y de María fue llevada a cabo por ángeles. Durante la infancia de María, su hogar fue un santuario angélico. Los ángeles fueron sus compañeros y maestros durante sus años en el Templo. El momento de su tránsito de esta esfera terrestre, fue anunciado por los ángeles. Y, en su Asunción, se elevó para vivir en el plano de esos espíritus luminosos.

No sólo fue proclamado por los ángeles el nacimiento de Jesús, sino que Su niñez estuvo protegida por su santa presencia. Ellos derramaron sus bendiciones en el momento del Bautismo, y prestaron su fuerza a Cristo Jesús, en el momento de la Tentación. Revolotearon entre las glorias de la Transfiguración, y aparecieron en las sombras de Getsemaní. Derramaron sus bendiciones sobre el Gólgota, su gozo en la Resurrección y, tras la Ascensión, proclamaron la alegre noticia de que volvería otra vez.

El ministerio de los ángeles sobre el mundo es hermoso y variado. Elevan, fortalecen y bendicen de mil maneras diferentes. Desgraciadamente, sin embargo, pocos hombres tienen conciencia de su proximidad o de su ayuda. Las mareas del mundo sensible han crecido tanto, que han cegado los ojos de las masas, incluso hasta para evitar que crean en la existencia del mundo angélico. Los niños son conscientes, con frecuencia, de la presencia de los ángeles, y disfrutan de su amante protección; pero, a medida que pasan los años y sus mentes se van centrando más y más en las cosas del mundo terrenal, las amables visiones parece que se evaporan o son consideradas como extravagancias de la imaginación. Sólo castidad y pureza pueden restablecer su clara visión. Si todos fuésemos lo puros que eran el Maestro Jesús y Su bendita Madre, los ángeles y los hombres se confundirían en una vasta y gloriosa hermandad. "Sólo los puros de corazón verán a Dios", es el dictado Bíblico.

E, igual de cierto es que sólo los puros de corazón verán y se comunicarán con los ángeles.

EL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO

La Sagrada Familia permaneció tres años en Egipto. Muchas y muy hermosas son las leyendas concernientes a la vida y obras del joven Jesús, durante aquel tiempo. Estaba en tal sintonización con la Mente Una, el inmanente poder de Dios, latente en toda cosa creada, que, lo que quiera que tocase o mirase, quedaba imbuido de nueva y vibrante vida. La leyenda narra que modelaba pájaros de barro que comenzaban a vivir y echaban a volar cuando les imponía las manos. Curó leprosos e hizo que los lisiados caminaran y que los ciegos vieran, y arrojó de muchos las entidades obsesoras. En todo momento y en todo lugar, Su presencia era una bendición para todos a quienes se acercaba.

Concluidos los tres años, la Sagrada Familia retornó a su hogar de Nazaret.

Luego, como era su costumbre, María y José fueron a Jerusalén para la Pascua. Para entonces, Jesús había cumplido ya los doce años, así que lo llevaron con ellos.

Cuando los días de fiesta terminaron, emprendieron su viaje de retorno. Al detectar la ausencia de Jesús, pensaron que estaría con los demás niños de su grupo; pero, cuando llegó la noche y no lo encontraron, regresaron a Jerusalén a buscarlo. "A los tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores". ¡Cuánto ocultan estas palabras, y cuánto revelan!. En los antiguos Misterios, las ceremonias de la Iniciación se extendían durante tres años, y la Iniciación siempre estaba relacionada con el Templo. Jesús había alcanzado la edad que marca el nacimiento del cuerpo de deseos o cuerpo astral. Como su deseo era la pureza en sí, ésta emanaba un aura dorada que hacía que, hasta los sabios, se maravillasen de su brillo.

Jesús volvió a Nazaret con sus padres y les fue obediente. "El niño crecía y se desarrollaba fuerte de espíritu y lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él".

Desde los dieciocho hasta los treinta años, enseñó y sirvió. En muchos países todavía se cuentan historias de un encantador joven Maestro que ejecutaba trabajos milagrosos y "exteriorizaba una sabiduría tal, que nunca antes había sido accesible a las mentes humanas". Desde China, Egipto, Babilonia, India, Grecia, Persia y otros países, en los que existían Templos de Misterios, llegan esos relatos admirables. "Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres".

EL BAUTISMO


Uno de los patrones numéricos más frecuentemente citados en la Biblia es el doce y uno. 

En el cielo hay doce signos zodiacales que circundan al sol central. En el gobierno esotérico del mundo hay doce Grandes Maestros alrededor del Cristo Cósmico. Cristo irradia Su amor y Su sabiduría infinitos, sobre cada uno de esos Maestros, quienes les dan expresión, adaptada a la época y a las diferentes clases de gentes a las que están para servir. Una vez que este origen universal de todos los sistemas religiosos sea conocido, la separatividad dará paso a la unidad entre los seguidores de las distintas doctrinas. Cristo es, en obra y en verdad, lo que Él mismo declaró, cuando dijo: "Yo soy la luz del mundo" y "nadie llega a mi Padre sino por Mí". Esta verdad liberadora es el tema dominante del tercer tomo de la Interpretación de la Biblia para la Nueva Edad que es, quizás, el más significativo de la serie.


El tema principal del Antiguo Testamento es la vida de Jacob, rodeado de sus doce hijos. Su influencia se extiende a todos los Libros que lo componen. El tema central del Nuevo Testamento lo constituyen Cristo y Sus doce discípulos. Su influencia se extiende, también, a todos los textos que lo forman.

El sublime acontecimiento denominado el Bautismo, marca el inicio de la era de Cristo en la Tierra. Larga y cuidadosa fue la preparación de este portentoso suceso. Como ya se ha dicho, dos altos Iniciados del Templo, Joaquín y Ana, fueron elegidos por la angélica anunciación para convertirse en los padres del más elevado Maestro que nunca jamás vino al mundo en cuerpo femenino: La bendita María. Con su asistencia y la de los ángeles, el Maestro Jesús construyó el más puro y perfecto cuerpo que se podía formar con materia física, cuerpo que abandonó al glorioso arcángel Cristo en el momento del Bautismo, cuando los cielos se abrieron y se oyó la voz de Dios, bendiciendo a este exaltado ser que, desde ese momento, actuó en la Tierra como Cristo Jesús (o Jesu-Cristo). Sin embargo, ni siquiera aquél, el más perfecto vehículo físico, podía soportar, por largo tiempo, la tremenda radiación de un espíritu arcangélico. Se hizo necesario, por ello que Cristo Jesús se saliera de él, frecuentemente, por algún tiempo, para que Su cuerpo físico fuera restaurado. Entre
los que atendían estas necesidades, se encontraban los Esenios, una secta santa que, durante varios siglos, había estado haciendo preparativos para la venida del Señor.

El Maestro Jesús, como consecuencia de su supremo sacrificio, se convirtió en "el primer fruto" de la Humanidad. Él ha continuado activo, desde entonces, trabajando desde los planos espirituales, especialmente con toda organización, todo grupo y todo individuo que acepta a Cristo como Salvador del Mundo. Él estará con Cristo, de nuevo, cuando Éste establezca la Nueva Dispensación, como estarán los discípulos María y José, los santos y los primeros seguidores de la iglesia cristiana.

"Quien lo desee" puede venir. Este ofrecimiento de Cristo no se hizo sólo para la gente de aquel tiempo; es aplicable a toda persona, cualesquiera que sean su edad y clima, raza y nación. Quienquiera que lo desee, puede venir y prepararse, mediante la pureza y la vida espiritual, para contarse entre los pioneros que serán juzgados dignos de retornar con Cristo y de ayudarle a establecer la Nueva Dispensación, el edificio del nuevo cielo y la nueva Tierra.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS

El Cristo Místico - en you tube -


en you tube, desde aquí
https://youtu.be/0MXaw3SiDns

CAPÍTULO XXXVIII
EL CRISTO MÍSTICO

Que Cristo se forme en vosotros.
Cristo en vosotros, la esperanza es de gloria.
San Pablo

Jesús, el Avatar sirio... dijo a Sus seguidores cómo y qué debían hacer para seguir Su camino, de modo que pudiesen llegar a ser como Él era; Él que estaba tan lejos como la sabiduría y el poder; pues en el corazón de cada ser humano hay una divinidad, su propio dios interno, que los cristianos, en un cambio místico de mentalidad, llaman el Cristo inmanente.
Nuestras doctrinas nos hablan de una larga línea de tales Maestros, cada uno de los cuales se hizo uno con su divinidad interna, con el dios interior, el Cristo inmanente, el Buda íntimo; y, habiéndose aunado así con su divinidad interna, alcanzaron todo el conocimiento necesario, porque ellos lo veían y por ello podían enseñar la verdad.
Dr. G. de Purucker en La Historia de Jesús

El espíritu de Dios cae sobre mí, como la gota de rocío sobre una rosa,
Pero si yo, como la rosa, le abro mi corazón;
El alma en la que Dios habita, - ¿qué templo sería más santo? -
Se convierte en un habitáculo ambulante de celeste majestad.

En toda la eternidad no podría haber un tono más dulce,
Que el batir del corazón humano al unísono con Dios.
¡Detente!. ¿Hacia dónde corres?. Sabe que el cielo está en ti;
Busca a Dios en cualquier otra parte y nunca verás Su rostro.

¡Mira! En la noche callada le ha nacido un niño a Dios,
Y ha sido vuelto al revés todo lo que estuvo perdido.
Si tu alma pudiese, pues, transformarse en una noche callada,
Dios nacería en ti y todo volvería a ser perfecto.

Aunque Cristo naciese mil veces en Belén
Y no dentro de ti mismo, tu alma estaría perdida.
En vano miras la cruz del Gólgota
Si no se levanta también en ti mismo.

Ángel Silesio

El misterio de Cristo es cuádruple. En primer lugar, está el Cristo en el Sol, que ha sido el Señor y Director de todas las grandes religiones de la Tierra. En segundo término, está el Cristo que encarnó en la Tierra en el momento del Bautismo de Jesús y que, en el culminante día de Su sacrificio en el Gólgota, se convirtió en su espíritu planetario interno. Luego está el Cristo que ha de nacer dentro de cada hombre. Y, por fin, está el Cristo Histórico. Y fue a este cuádruple Misterio Crístico al que se refería Pablo al decir: "Mirad, que os muestro un misterio".

Este misterio cuádruple está bajo la guía de la Santísima Trinidad. El Cristo en el Sol está bajo la guía del Señor Dios (el Padre). El Cristo que se encarnó en el Bautismo está bajo la dirección del Hijo, el Cristo Cósmico. El Cristo que ha de nacer en el hombre está bajo la guía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha sido siempre el gran misterio de la Trinidad. La Humanidad de la Nueva Edad irá incrementando sus conocimientos sobre la extensión de Su naturaleza y Su trabajo.

La próxima etapa importante en la evolución humana es el nacimiento de Cristo en el hombre. El trabajo encaminado a ese nacimiento está causando muchas desarmonías, intranquilidades y desórdenes. Ningún hombre puede ser pionero de la nueva raza hasta que Cristo haya nacido dentro de él mismo. La llamada lanzada por el Espíritu Santo a todos los que ya están preparados y deseando escucharla es para la completa dedicación al servicio del Señor Cristo. Esa es la misión del Espíritu Santo relativa a los cristianos de la nueva raza y que hizo declarar al Señor: "Si yo no me voy, el Confortador no vendrá a vosotros; pero si yo me voy, yo os lo enviaré... y Él os mostrará las cosas por venir".

Desde el momento en que el Espíritu Santo activó el principio crístico en el interior de los Discípulos, ellos pensaron sólo pensamientos crísticos, hablaron sólo palabras crísticas e hicieron sólo obras crísticas. Aquellos hombres que habían sido tímidos y cobardes, se hicieron valientes. Tomás ya no dudó; Pedro ya no temió; Juan dejó de permanecer alejado y, ni las persecuciones, ni las cárceles, ni siquiera la muerte, pudieron disuadirlos. Su único objetivo en la vida fue servir al Señor Cristo y seguir Sus caminos.

Un día, cuando Pedro y Juan se retiraron al templo a orar, en la "puerta Hermosa", llegaron junto a un hombre lisiado de nacimiento. Pedro le dijo: "Oro y plata no tengo; pero lo que tengo, te lo doy". Inmediatamente las fuerzas volvieron a los tobillos y pies de aquel hombre y, levantándose, entró con ellos en el templo con grandes muestras de alegría. Pedro y Juan recordaron las palabras de Cristo durante Sus últimos días junto a ellos, cuando dijo del Espíritu Santo:" Él manifestará mi gloria porque tomará de lo mío y os lo mostrará". (Juan 16:14).

La gloria del Cristo despertado en su interior brillaba alrededor de sus cabezas como un halo de luz dorada. En el elevado estado de conciencia que alcanzaron no había diferencias ni desarmonías, porque habitaban en la realización de la unidad eterna. Por eso entendían todo los idiomas y podían hablar en todas las lenguas.

Comprendían igualmente el profundo significado de las palabras que Cristo les había dirigido: "Cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, os irá guiando en la verdad toda". (Juan 16:13). Los discípulos se habían convertido, literalmente, en superhombres u hombres-dioses.

Tal es el significado del místico Cristo Interno, ese elevado nivel percibido por San Pablo cuando escribió a los Gálatas (4:20): "Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros". Este Cristo Místico es la divinidad que está latente en cada ser humano. El Verbo, el Cristo Cósmico, se hizo carne y habita dentro de toda la creación. Esta realización de la unidad de toda la vida da nuevo significado a la Paternidad de Dios y a la hermandad de los hombres.

El conocido escritor y poeta americano Henry van Dyke expresó con estas hermosas líneas la inmanencia de la realidad Crística:

Nunca más tendrás que buscarme.
Estoy contigo para siempre;
Levanta la piedra y me encontrarás,
Hiende la madera y yo estaré allí.

Esta inmanencia de Cristo será la enseñanza fundamental de la Nueva Edad.

Es significativo llamar la atención sobre el hecho de que las iglesias liberales y los grupos universales que buscan la verdad, basados en la Nueva Edad, resaltan sobre cualquier otra cosa el despertar del principio crístico dentro de cada individuo. Pero, ¿cómo se puede esto llevar a cabo?.

La perfección del cuerpo físico está basada en la supervivencia del más apto.

El crecimiento del cuerpo-alma está basado en la ley del sacrificio. En tiempos pasados, al hombre se le enseñó a sacrificar sus posesiones materiales. Existen instrucción tras instrucción en el Antiguo Testamento para que entregasen los primogénitos de sus rebaños y los colocasen en el altar de los sacrificios. Aún hoy, muchas iglesias imponen a sus seguidores la ley del diezmo. Sin embargo, los místicos cristianos comprenden que esa ley ha de abandonarse; ellos han de aprender a colocarse ellos mismos sobre el altar como ofrenda sacrificial.

El despertar del Cristo interno, como todos los procesos de nacimiento, es lento y gradual. Primero, el aspirante ha de hacer su dedicación al ideal de Cristo. Si es serio y sincero en esta dedicación, se encontrará a sí mismo adquiriendo mayor sintonía con ese ideal. Le resultará más fácil pensar pensamientos crísticos y pronunciar palabras y realizar actos a tenor de una vida crística. Será consciente de una sensación de bienestar que no había sentido nunca; la misma sensación que alcanzaron los primeros cristianos, incluso en las oscuras catacumbas y enfrentándose a la persecución y a la muerte. Por otra parte, el despertar del Cristo Interno tiene compensaciones que ninguna condición o circunstancia humana puede destruir. Ni pueden ser desequilibrados, quienes lo experimentan, por posesiones materiales.

Preparando Su segunda venida, el Señor Cristo está acercándose más y más a la Tierra. En algunos momentos está en el plano etérico, inmediatamente sobre el plano físico, y muchas almas avanzadas están haciéndose conscientes de la bendiciones que se derivan de Su proximidad. Algunos hay que se han sentido inclinados a arrodillarse en adoración y homenaje ante Él y escuchar los tonos de Su bendita voz. Esto ocurre a veces en momentos en que el cuerpo físico está en reposo y durmiendo. Pero también puede una persona ser objeto de un rapto de exaltación de conciencia durante las horas de un día ajetreado. Lo cual puede ocurrir para fortalecerla antes de enfrentarse a una crisis o para mitigar determinadas y profundas agonías. Cualquiera que sea el motivo y ocurra cuando ocurra, la vida ya no puede ser la misma para esa persona tras el momento de esa Sublime Presencia. Cualquier cosa que haga, llevará el sello de la divinidad y estará permanentemente motivada por el deseo de mayores oportunidades de servir "en Su nombre".

Las actividades de una persona así de afortunada continuarán hasta que la muerte pierda su aguijón con la comprobación de que no es sino un tránsito desde el plano físico al etérico. Entonces descubrirá que mientras vivía en el plano físico era libre de servir en el plano superior y que, tras el paso llamado muerte, vive en el mundo etérico, pero sigue siendo libre de trabajar en el mundo físico. Aprende así que esta vida y "la otra" son dos aspectos de un grande y glorioso todo, del cual el Señor Cristo es, a la vez, el centro y la circunferencia.

La puerta de otra era está abierta: La era del alma; El reinado de Dios en el hombre; el Evangelio Acuario. El sendero de la búsqueda conduce desde lo que está fuera hacia lo que vive dentro. Y revela, escalón tras escalón, la vida oculta que cada forma y símbolo vela. Le asigna al aspirante determinados trabajos que le conducen a la comprensión y le producen una sabiduría que satisface sus más profundas necesidades.
Alice Bailey


A lo largo de las páginas de la INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA DE LA NUEVA EDAD se ha hecho frecuente referencia al Sendero de la Iniciación que sigue la línea de los principales acontecimientos de la vida del Señor Cristo desde Su Nacimiento hasta Su Resurrección y Ascensión. La misma interpretación se ha empleado extensamente en este volumen relativo a los cuatro aspectos de Cristo: El Cósmico, el Planetario, el Histórico y el Místico. El último es el más importante en cuanto al humano desarrollo, ya que se refiere al Cristo Interno.

El Sagrado Nacimiento se refiere al principio crístico despertado en el hombre.

Cuando este nuevo nacimiento tiene lugar en un individuo, un nuevo y tremendo poder emana de su mente y un inmenso amor radia desde su corazón. Los valores humanos se invierten completamente. Los intereses del hombre medio están centrados en el lado objetivo de la vida. Pero, tras el despertar del Cristo interno, esos intereses se centran especialmente en el lado subjetivo. Entonces uno comprende mejor las palabras de San Pablo: "Las cosas que se ven, son temporales; pero las cosas que no se ven, son eternas".
Con la Presentación en el Templo del neófito, una ocasión para la consagración y la dedicación, la fuerza de su Cristo interno es vivificada, fortalecida y aumentada. Esta consecución es seguida por la Huída a Egipto, ya que el Sendero del Discipulado está siempre alternativamente perlado de sol y nubes. Longfellow, el amado poeta, expresó así la idea:

En cada vida ha de caer algo de lluvia,
y algún día ha de ser nublado y triste.

Entonces el hombre puede enfrentar el dolor con la misma fortaleza con que enfrenta la alegría; y aprende la lección a la que San Pablo se refería al decir: "Ninguna de estas cosas me conmueve". Si una persona es sincera y honesta en su autoexamen y su autoanálisis, reconocerá que las lecciones más valiosas las aprendió en los momentos más sombríos de su vida y no en los más radiantes.

Una vez superada la prueba en Egipto, el siguiente paso es el Retorno a Nazaret. El aspirante, en compañía de los ángeles, es conducido a Nazaret para crecer en fortaleza y conocimiento.

Mediante la Enseñanza en el Templo, el Cristo interno se convierte en la fuerza dominante de su vida. "Debido a la abundancia de corazón, la boca habló".

Entonces su mayor deseo es el compartir su inconmensurable realización interior con todos los que deseen recibirla. Tan pronto como se haga acreedor a ello, dispondrá de las oportunidades y de la habilidad necesarias para comunicar su conocimiento espiritual.

Mediante el Rito del Bautismo, la fuerza espiritualizada de la mente y el amor radiante del corazón se juntan en una divina identificación. El nacimiento del Cristo interno se ha completado y el aspirante es ya un individuo crístico. El Bautismo anuncia el comienzo de una nueva vida, una vida en la que la personalidad es secundaria porque la conciencia crística reina suprema. La cabeza del ahora iluminado se corona por un halo de luz cuando la blanca paloma del Espíritu Santo se posa sobre él bendiciéndolo, mientras la voz de Dios declara: "Este es mi hijo muy amado en el cual me complazco". San Pablo, que holló este sendero, supo así que "Dios mitiga el viento para la oveja esquilada". Quien analice sus etapas, comprobará que esto es cierto.

Tras el Sagrado nacimiento y la Presentación en el Templo, viene la prueba de la Huída a Egipto. Sigue el Retorno a Nazaret que, a su vez, conduce a la etapas superiores de la Enseñanza en el Templo y del Rito del Bautismo. Cuanto más grande la consecución, más sutil es la tentación. Cuanto más estrecho es el Sendero, más empinado se hace. El Rito del Bautismo es seguido por la prueba más difícil de las enfrentadas hasta entonces: La conocida como la Gran Tentación.

Cuando las energías de la cabeza y del corazón permanecen unidas en armónica fusión, se desata en el aspirante una dinámica fuerza de atracción. Esta fuerza actúa en los planos físico, espiritual y mental y el discípulo se hace plenamente consciente del significado de la promesa de Cristo: "Cualquier cosa que me pidáis, yo os la daré". Sabiendo que ese poder es ahora suyo, se ha de enfrentar a una disyuntiva terrible: ¿Empleará ese poder para atraer hacia sí los placeres y comodidades, la opulencia, la adulación y la prominencia que pone a su alcance, o dará la espalda a tales sugestiones y se conformará con dedicarse a una vida inegoísta, utilizando su poder para la redención del hombre y para la perfección del reino de Dios en la tierra?. Éste es el punto en que el Sendero se estrecha al máximo.

Desgraciadamente, muchos que han intentado seriamente el ascenso, dan la vuelta aquí y dejan de caminar con Cristo. Porque, incluso las almas valientes que han salido victoriosas, han de repetir continuamente, como hizo Cristo, aquello de:

"Apártate de mí, Satanás".

Una vez demostrado que posee el valor suficiente para pasar con éxito la Gran Tentación, el aspirante está preparado para un rito denominado La Transfiguraciónuna consecución seguida por la elevadísima exaltación del Festival del Amor.

Mediante este rito, pasa a la vida eterna. Su mente está de tal modo espiritualizada y su corazón de tal modo iluminado que, literalmente, piensa con el corazón y ama con la mente. Es, por tanto, digno de tomar parte en el Festival del Amor. Las esencias de estos exaltados mente y corazón, el pan y el vino del Festival, trascienden el tiempo y el espacio; pueden ser enviadas a los más lejanos confines de la tierra con el fin de bendecir y sanar. Mediante esas esencias desarrolladas en su interior, los discípulos fueron instruidos por el Señor Cristo para consagrar y espiritualizar esos elementos (pan y vino) y utilizarlos para la elevación de su hermano el hombre. Esto aclara el significado de Sus palabras: "Yo soy el pan de vida", "mi sangre es el agua de la vida eterna", y otras similares.

Cuando pasa la experiencia de la Transfiguración, el aspirante alcanza la cima del desarrollo humano. Entonces puede ya irradiar el poder espiritual dinámico en él engendrado, como una gran luz, tanto si trabaja en el plano físico como si lo hace en el plano mental o en el espiritual. Su luz ya no está "oculta bajo el celemín".

Habiendo alcanzado el grado supremo de su desarrollo, está preparado - o debería estarlo - para la prueba formidable de Getsemaní.

Es cierto que el Sendero del Discipulado es largo y arduo. Se requieren muchos años, incluso muchas vidas para alcanzar la última meta. Y, alcanzada ésta, debe renunciarse a todo. Cualquier fama, prestigio, respeto o poder que el discípulo haya adquirido, debe ser dado de lado. Ha de estar dispuesto a descender a la oscuridad y a declarar como Cristo : "Yo sólo no puedo nada". Cuando el Señor permitió ser conducido a Getsemaní y, luego, ser clavado en la cruz, tanto Él mismo como Su misión, se convirtieron en sendos fracasos para los hombres. De hecho, así se consideraron hasta por Sus más íntimos seguidores. Proporcionalmente, a pocos individuos se les exige enfrentarse a esta prueba, ya que son pocos los que alcanzan el punto en que se hace necesaria. El Getsemaní de Abraham fue la demanda de que sacrificase a su hijo Isaac. Y sólo cuando estuvo dispuesto a esa renuncia suprema, fue digno y pudo caminar y hablar con los ángeles.

La renuncia absoluta y el inegoísmo total han sido exigencias, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, para todos los que pretenden hollar el  Sendero del Discipulado. Frecuentemente, durante las pruebas experimentadas, un discípulo repite el ruego de Cristo: "Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz". Si triunfa, sin embargo, añadirá: "No obstante, que no se haga mi voluntad, sino la Tuya".

Tras Getsemaní viene la Crucifixión, que es un rito, tanto de pena y dolor como de glorificación. El discípulo, que ha renunciado a todo, se encuentra con que lo ha ganado todo. Los poderes del cielo y de la tierra hacen también su postura en la subasta de la vida. Una ley fundamental del desarrollo oculto y que Cristo enseñó a Sus discípulos, establece que "Al que tenga, se le dará... pero al que no tenga, hasta lo que tenga se le quitará".

La Resurrección y la Ascensión son las etapas finales del ascenso a la Gran Luz. Quien las sobrepasa, queda realmente "cristificado". Y se reunirá con el Señor en el éter en el momento de Su segunda venida y le servirá hasta el fin de la era en un exaltado estado de inmortalidad consciente.

Espíritu de inmortal belleza, Sol de inmarcesible amor, enseña a la humanidad a conocerte en Tus mundos y, conociéndote a Ti, a ver Tu trabajo artesanal en el pétalo de la flor, la rama perfumada, y la voz canora, y en el dibujo intrincado y delicado del escarabajo, la serpiente o el pájaro; y enséñale finalmente a encontrarte en sí misma, gloria trascendente del hombre, hecha Dios.
Mary Gray


La Interpretación de la Biblia de la Nueva Edad está centrara en la enseñanza fundamental de que el Señor Cristo vino a la tierra como el Supremo Indicador del Camino para toda la humanidad. Su propósito fue el enseñar al hombre cómo despertar al Cristo interno en su propio ser, pues, como San Pablo afirma, todos somos Cristos en formación. Los acontecimientos principales de la permanencia del Señor en la Tierra representan las principales lecciones para el alma, que cada uno debe aprender para desarrollar su latente divinidad. No hubiera sido necesario que Cristo pasase por todas esas experiencias, pero Él eligió hacerlo así para demostrar que el hombre puede enfrentarlas y salir victorioso. Se nos ha dado, pues, el modelo perfecto. San Pablo dijo del Señor: "Fue tentado en los mismos puntos, en que nosotros somos tentados, pero sin pecado".

El Sendero del Discipulado es áspero y escarpado. Sin embargo, cuando un buscador despierto se hace consciente del Cristo interno, nada de esta vida que no esté relacionado con esa búsqueda tiene ya valor para él. Una vez ha participado del alimento celestial, todas las delicias del mundo juntas resultan totalmente insípidas, puesto que comprende el verdadero sentido de las palabras de nuestro bendito Señor:

"Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis" y "El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed".

San Juan, el más elevado Iniciado de la Dispensación del Nuevo Testamento, también se refirió así a la consecución de Cristo:

Amigos míos, hijos de Dios lo somos ya, aunque todavía no se ve lo que vamos a ser.
I Juan 3:2

El Señor Cristo se ha dedicado al trascendente servicio de guiar a la Humanidad a su estado sobrenatural. Por eso los místicos cristianos ven un profundo significado en la más reconfortante de Sus promesas:

Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.

EL MISTERIO DE LOS CRISTOS
 Corinne Heline

en you tube, aquí
https://youtu.be/0MXaw3SiDns

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