miércoles, 23 de marzo de 2016

El Jueves Santo


EL JUEVES SANTO
LOS MISTERIOS DE LOS CRISTOS
de Corinne Heline

         Para preparar el Rito de la Eucaristía, que tuvo lugar el Jueves Santo, Cristo comisionó a dos de Sus discípulos para ir a la ciudad, donde encontrarían a un hombre con un cántaro de agua. Debían seguirle hasta una casa en la que debía prepararse una gran "habitación superior" para la llegada del Maestro y Sus discípulos. Irían a celebrar juntos allí la cena de Pascua.
         Estas instrucciones son, realmente, un anagrama críptico perteneciente al desarrollo esotérico del aspirante. El hombre que lleva un cántaro de agua hace referencia a Acuario, el signo del Portador de Agua, regente de la Nueva Edad, en que el espíritu de la verdadera iluminación será derramado de nuevo sobre toda la carne, y cuya preparación tenía lugar entonces. La "habitación superior" es la cabeza, la cual, cuando está "amueblada y a punto", gracias al despertar de los centros espirituales de su interior, proporciona la visión de los mundos internos y superiores. Con la glándula pineal y el cuerpo pituitario despiertos y activados, se levanta el velo del Sancta Sanctorum y el hombre se encuentra en presencia de su propio Yo Superior, como creado a imagen y semejanza de Dios y capaz de manifestar los poderes del hombre crístico.
         A la luz de esta lectura simbólica, puede deducirse cuál era el status espiritual de Pedro y Juan, los dos discípulos enviados delante por el Maestro. Ambos habían sido ya encontrados dignos de entrar en la "sala superior". Suyo era entonces el privilegio de preparar el camino para cualquiera que, en cualquier tiempo futuro, desease seguir sus pasos.


         Quizás la humildad y la voluntad y disposición para servir a todos y a cada uno, sea la más importante lección que ha de aprender el candidato a la Iniciación. Hasta que esta lección no ha sido dominada, el hombre no se encuentra suficientemente cualificado para gobernar y manejar con seguridad los poderes que la Iniciación le confiere. Hay una ley fundamental de la evolución que establece que los más avanzados sólo pueden continuar su subsiguiente progreso si se detienen para servir a los más rezagados y para ayudarles a alcanzar niveles superiores. El sacrificio propio yace en el corazón de toda verdadera consecución. Y fue por obediencia a esta ley cósmica por lo que el Lavatorio de Pies precedió a la más excelsa de las enseñanzas que el Maestro impartió al círculo de Sus más próximos discípulos a lo largo de todo Su ministerio terrenal. "Si no te lavo - respondió Él cuando Pedro protestó que el Maestro no debía humillarse así -, no tendrás parte en Mí". La humildad y el olvido de sí mismo son las palabras de pase para la consecución más elevada. Es aquél que se anula el que lo alcanza todo.
         Cristo conocía el elevado destino que aguardaba a Pedro, cuando su orgullo e impetuosidad fueran reemplazados por una serena humildad. Consecuentemente, Pedro se convirtió en la figura central de la escena del lavatorio con la cual se da, a todos los discípulos de todos los tiempos, la suprema lección, objetiva, de la humildad, como requisito previo para la consecución espiritual.
         Debido a la vieja costumbre de lavar los pies a los pobres en este día, en cumplimiento del "nuevo mandamiento", la iglesia lo denominó Jueves del Mandato, término derivado del latín "mandatum", que significa "mandamiento".



     LA ÚLTIMA CENA

         "Si tú te elevas a Cristo para celebrar la Pascua con Él, Él te dará el pan de la bendición, Su propio cuerpo; y te entregará Su propia sangre". - escribió Orígenes, el místico primitivo cristiano.
         La última Cena o Rito de la Eucaristía ha formado parte de todas las enseñanzas iniciáticas que se han dado al hombre en todos los tiempos. En Egipto, los místicos pan y vino significaban las bendiciones del dios sol, Ra. En Persia, la Eucaristía formaba parte de los Misterios de Mitra. En Grecia, el pan estaba consagrado a Perséfone y el vino a Adonis. También se refiere a este rito un viejo fragmento del indio Rig-Veda: "Hemos bebido soma; - dice - nos hemos hecho inmortales; hemos entrado en la luz; hemos conocido a los dioses".
         Cada edad, pueblo o religión han recibido este sacro ritual del pan y el vino, y siempre ha sido observado como el ceremonial que ha proporcionado las más elevadas enseñanzas que en ese momento se podían impartir. Con cada era y cada religión posteriores, al ampliarse la revelación divina, el ritual eucarístico ha ido adquiriendo significados más profundos, alcanzando su más honda significación espiritual cuando Cristo, el Supremo Maestro del Mundo, celebró el Rito con Sus discípulos en la Sala Superior, en la medianoche del Jueves Santo, inmediatamente anterior al Viernes Santo o Día de la Pasión. Entonces Cristo enseñó a Sus discípulos cómo manifestar los poderes del Grado de Maestro.
         En la célebre carta de Plinio a Trajano, escrita el 112 d. C., dice que, determinados días, los primitivos cristianos celebraban dos reuniones: Una, antes del alba, en la que cantaban himnos a Cristo y se comprometían, mediante un "sacramento," a no cometer ningún crimen; y otra, al anochecer, en la que tenía lugar el Ágape o Banquete del Amor.
         El vino simboliza el cuerpo de deseos, limpio y transformado, del discípulo. El pan representa el puro y luminoso cuerpo etérico. Mediante la combinación de las fuerzas espirituales de estos dos vehículos, debidamente preparados, es como se pueden manifestar los poderes correspondientes al Maestro. Cada uno de los santos hombres y mujeres que participaron en la Última Cena con Cristo, habían purificado sus cuerpos de deseos y vital, de tal modo, que fueron capaces de recibir y transmitir los poderes crísticos para la curación y la iluminación espiritual de todos a los que les fue dado servir.
         Viviendo una vida pura e inofensiva durante un período, cuya duración varía según el desarrollo anterior existente, la conservación en el cuerpo de la fuerza creadora de vida, produce una fuerza vital de orden superior que irradia del cuerpo y que puede ser dirigida y utilizada a voluntad en servicio de los demás. Esta emanación etérica, en la noche de la Última Cena, alcanzó en los discípulos un grado de luminosidad que nunca antes había alcanzado. Cada uno de ellos entregó esa emanación anímica a Cristo en el momento de la Última Cena. Dirigiendo esa fuerza hacia Sí mismo e incrementándola con Sus propios poderes divinos, Cristo apareció ante ellos en toda la gloria del cuerpo de Su Transfiguración. Entonces derramó esta poderosa corriente de energía sobre el pan y el vino, magnetizándolos con la magia de la alquimia espiritual, hasta que ambos brillaron con el esplendor de joyas indescriptibles.
         En posteriores celebraciones de la Eucaristía por los primitivos cristianos, los poderes divinos desarrollados por el ceremonial magnetizaban el pan y el vino, de tal modo y hasta tal grado, que las sustancias así santificadas se empleaban muy frecuentemente para curar a los enfermos. Por eso la Eucaristía era denominada, propiamente, "la medicina de la inmortalidad".
         La Cena de aquella primera noche de Jueves Santo concluyó con el Padrenuestro, un mantra de inmenso poder, si se emplea correctamente, y con el "beso de la paz". Con ello se expresaban la unidad y la armonía que habían logrado y la reserva común de poder espiritual que habían generado, con el fin de derramar el impulso de Cristo por el mundo, para su consuelo y redención. Habían alcanzado la verdadera fraternidad, que es el primer requisito para el éxito efectivo del grupo. Aquí se encuentra la respuesta a la pregunta, tantas veces formulada, de: "¿Estuvo Judas presente en la Última Cena?".
         San Ambrosio, obispo de Milán en el siglo cuarto, escribe que en el ritual practicado por los primeros cristianos, el pan era partido y agrupado formando una figura humana, representando así el cuerpo de Cristo, destrozado por el mundo, con el fin de que la Humanidad caída pudiera ser salvada.
         Las Iniciaciones Menores son nueve en número y se corresponden con los Nueve Misterios de la vida de Cristo Jesús que son éstos:

         1.- Encarnación
         2.- Natividad
         3.- Circuncisión
         4.- Transfiguración
         5.- Pasión
         6.- Muerte
         7.- Resurrección
         8.- Glorificación
         9.- Ascensión

         El cuerpo humano es el templo del espíritu interno y cada etapa de la expansión de conciencia produce el correspondiente desarrollo en el cuerpo físico. Desde el punto de vista de la anatomía oculta, el pan consagrado representa la nueva fuerza vital que se ha producido en el cuerpo como consecuencia de la conservación y transmutación de la sagrada fuerza creadora.
         El Cáliz o Santo Grial representa el nuevo órgano etérico que ya ha comenzado a formarse en el cuerpo de los pioneros de la Nueva Era. Este órgano tiene su centro de poder en la laringe, la cual se convertirá en el instrumento para pronunciar la Divina Palabra Creadora. Este poder se habrá adquirido cuando la fuerza vital creadora, centrada ahora en la base de la espina dorsal, haya sido elevada hasta su punto más alto, en la cabeza, y el proceso físico creador se haya sublimado en su contraparte espiritual.
         El "cáliz de la flor" o nuevo órgano espiritual que se está formando ahora en la garganta, formará un eslabón que conectará directamente la cabeza y el corazón, con el resultado de que el hombre será capaz de pensar con el corazón y de amar con la cabeza. Este nuevo órgano le permitirá recuperar la memoria de las vidas pasadas. Esta recuperación no será entonces más difícil de lo que ahora resulta recordar acontecimientos acaecidos algunos años atrás en esta vida. Cristo se refería a este desarrollo cuando dijo: "No beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios".
         El significado oculto del Santo Grial ha sido el mismo a través de los siglos, como bien indica la siguiente cita de Apuleyo, filósofo romano del siglo segundo. Describiendo esa copa como simbólica del órgano en desarrollo en la garganta, dice que, en la procesión de los Misterios, "uno transportaba un objeto que alegraba el corazón, un invento exquisito, sin comparación con ninguna criatura viviente, hombre, pájaro o bestia: un maravillosamente inefable símbolo de los Misterios, para que fuera contemplado en profundo silencio. Tenía la forma de una pequeña urna o copa de oro bruñido; su tallo se prolongaba lateralmente, proyectando como un largo riachuelo; a su alrededor culebreaba una serpiente de oro, doblando su cuerpo en ondas e irguiéndose".
         El vástago o tallo de este órgano, en forma de copa, está formado por la esencia del fuego kundalini de la espina dorsal, cuando se eleva, como una serpiente, hacia la garganta y la cabeza, y se convierte en el cáliz de una luminosa flor. La serpiente es un símbolo universal de la sabiduría arcana. Por eso al iniciado se le llamaba "serpiente" en los misterios egipcios. En la Escuela Cristiana se le denomina "Hijo del Hombre" y, cuando los Misterios que ella enseña hayan florecido completamente, habremos entrado en el Signo de Acuario o Edad del Hijo del Hombre.
         En el exaltado estado de conciencia alcanzado durante el ceremonial de la Cena, los discípulos pudieron ver los "registros cósmicos" y contemplar allí los acontecimientos que tendrían lugar en los años que les quedaban de vida. Entonces tuvieron la posibilidad de aceptar o rechazar libremente esos acontecimientos. El hecho de que escogieran aceptarlos, difíciles como eran de soportar, evidencia el elevado estado que habían logrado, ya que, en todos los casos, lo previsto conducía a persecuciones diversas y, frecuentemente, al martirio. Pero habían renunciado al yo personal; salieron como almas crísticas, tan fortificadas, que no importaba lo que le pudiera suceder al cuerpo físico; el alma seguía adelante, segura y serena, hacia el triunfo cierto.




EL RITO DE LA AGONÍA EN EL JARDÍN

         Desde la Sala Superior, el Maestro se encaminó, directamente, a Getsemaní. La agonía que allí experimentó marca otra etapa en Su Camino ascendente, tal y como ocurre en la vida de cada aspirante, cuando vive idéntica experiencia, en su viaje a lo largo del Sendero que conduce a la Iluminación.
         La Agonía de Getsemaní puede denominarse también el Rito de la Transmutación. Tras la elevación de conciencia adquirida en la Sala Superior y la adquisición de poder que lleva consigo, la siguiente etapa ascendente en el Sendero requiere que esa luz adicional y esa fuerza, se apliquen a la transmutación del mal y de las tinieblas existentes, tanto en nuestro interior como en el mundo, en bien y en luz. En el caso de Cristo Jesús, la agonía que experimentó fue el resultado de abrir Su puro y perfecto cuerpo al influjo de las corrientes del mal, de todas las categorías, que atrajo, procedentes del mundo exterior. Y recibió esas fuerzas en Su interior con el fin de elaborarlas alquímicamente e irradiarlas de nuevo al mundo transmutadas en fuerzas de rectitud. Tal es siempre el trabajo de los redentores de los hombres, sean de la naturaleza del Salvador del Mundo o sean de categoría inferior, pero que dedican sus vidas al amante y desinteresado servicio de los demás.
         El Maestro había confiado en que sus tres discípulos más avanzados, Pedro, Santiago y Juan Le asistiesen en Su Rito de la Transmutación. Pero, dado que no eran aún lo suficientemente puros e inegoístas, "se durmieron", o sea, que permanecieron interiormente ajenos al trabajo que se estaba llevando a cabo en el Jardín del Dolor.
         Getsemaní estaba en el Monte de los Olivos porque, como se ha dicho ya, era el lugar, de toda la Tierra, cargado de más elevada espiritualidad. Era el punto más indicado para que la agonía redentora pudiera ser soportada y consumada. El hecho de que la Tierra posea áreas en donde las fuerzas espirituales estén más fuertemente enfocadas y resulten más elevadamente cargadas, se corresponde con el de que el cuerpo humano posea centros localizados de percepción, tanto espirituales como físicos.
         Lo que Cristo realizó en el divinamente influenciado Jardín de Getsemaní, bajo los aleteos de ángeles y arcángeles, posee una inmensa importancia para toda la Humanidad: Marca el momento en que la evolución planetaria, en su conjunto, recibió un nuevo y poderoso impulso, destinado a conducirla a otra etapa en su siempre ascendente marcha.
         Pedro experimentó este Rito de la Agonía tras su triple negación, cuando, lleno de contrición, regresó al Jardín y enfrentó allí su propio Getsemaní. Allí, en aquel lugar altamente cargado y en comunión con huestes invisibles, Pedro, mediante el arrepentimiento y la purificación de su corazón, elevó su conciencia tan alto que ello le permitió estar luego preparado y recibir ayuda para la elevada Iniciación que le esperaba en el intervalo entre la Resurrección y la Ascensión.
         Juan, el amado, y María, la santa Virgen, hicieron frecuentes peregrinajes al Monte de los Olivos, vibrante de poder espiritual, cuando el Maestro ya no caminaba a su lado en cuerpo físico. Allí, las puertas del cielo se abrían y los ángeles y arcángeles bajaban a comunicarse con los hombres. Las leyendas místicas de la iglesia primitiva contienen muchas referencias a las reuniones celebradas por María, con los discípulos, en el Jardín de los Olivos, reuniones relacionadas siempre con algún aspecto del trabajo de Transmutación.
         El olivo posee raras propiedades ocultas y es uno de los árboles frutales más altamente sensibilizados. Crece sólo en áreas especialmente favorecidas. Se encuentra entre los pioneros del reino vegetal y, a lo largo de las edades, se le ha asociado con la curación y la regeneración, cualidades éstas inseparablemente unidas al proceso de transmutación. Por eso hay otras leyendas que aseguran que, tanto la cruz como la corona de espinas, símbolos de la consecución que sigue al proceso de Transmutación, estaban hechas de madera de olivo.


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miércoles, 13 de mayo de 2015

Corinne Heline - obras

Corinne Heline

corinne
Corinne Heline (1882–1975) fue una autora norteamericana de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel. En Mount Ecclesia (Oceanside, California), el propio Max Heindel la recibió como estudiante de su escuela. Allí conoció a Theodore Heline que posteriormente se convertiría en su esposo, con quien emprendió la edición de varios textos sobre misticismo rosacruz.
Su obra monumental New Age Bible Interpretation interpreta las sagradas escrituras desde una óptica cristiano-rosacruz.
Posteriormente, Heline fundó la New Age Bible and Philosophy Center en Santa Mónica (California) dedicada “a los estudios que ayudan al buscador moderno desde la óptica de la Sabiduría Antigua”.
Info: es.wikipedia.org
Obras escritas:

lunes, 14 de mayo de 2012

LOS ESPIRITUS LUCIFERES




LOS   ESPIRITUS   LUCIFERES

Por Corinne Heline

Las corrientes de deseos del planeta Marte, hogar de los Luciferes exiliados, se entremezclan con las corrientes similares del planeta Tierra. Debido a esta interpenetración de auras de deseos, las influencias Luciferinas, operando a través de este medio, entraron en la atmósfera terrestre y actuaron sobre la vida de este planeta, particularmente sobre su aspecto emocional.
            Recordemos que, aunque caídos, los Luciferes son Angeles. Aquellos que tienen ojos para ver declaran que ellos tienen una radiante belleza. Ellos se mueven en una luz centelleante que destella con energía eléctrica. La actitud de estos seres de fuego es de reto, de desafío y su nota clave es la intensidad mental y emocional y la actividad extrema. Por este medio su conciencia se despierta y se acelera su progreso.
            Por lo tanto ellos promueven todo lo que favorezca la expresión de su ser. Todo el que se coloca bajo su influencia es poseído de ansias de libertad de todo tipo de limitaciones y restricciones para ir hacia profundidades desconocidas y explorar lo extraño y las alturas no descubiertas. Transmiten también un estado de abandono, relajamiento y descuido. Las naturalezas de fuego, sin miedo, se inclinan hacia los Luciferes y este contacto es estrecho y continuo el impulso obtenido es irresistible.
            No es el propósito de los Luciferes inflamar los pensamientos y emociones del hombre para llevarlo a la destrucción. Ellos solo quieren crear condiciones más favorables para su desarrollo. Donde hay sabiduría y fuerza para dirigir las energías Luciferinas hacia propósitos constructivos, ellos responden con creatividad y mayor conciencia.
            Si los humanos fueran capaces de dirigir tal fuerza intensa, los Luciferes serían solo portadores de luz. Debido a la falla de la humanidad en conseguir este objetivo, la influencia de Lucifer ocasionó la caída y su influencia predominante es todavía maligna, Los científicos espirituales, sabiendo estos hechos, no hacen de la debilidad del hombre una excusa para calumniar una clase de espíritus, que aunque por debajo de los Angeles, son más adelantados que la humanidad. Ellos son hijos del Padre no menos que la rebelde humanidad y Cristo está dando Su Vida por la redención de ambos.
            En el mundo moderno los Luciferes se manifiestan fuertemente como espíritus de rebelión e independencia. A pasar por encima las restricciones morales. Ellos incitan las disputas y las querellas. Ellos gravitan en donde hay excitación. La manía de la velocidad es una de sus manifestaciones. En el arte estimulan el espíritu de libertad, a un grado de abandono, como en el verso libre, el jazz y el arte moderno. La atmósfera de la tierra está cargada con los pensamientos destructivos y negativos generados durante siglos pasados.  
            Colectivamente, esta forma que puede ser mejor descripta  como una entidad elemental, es utilizada por los Luciferes para incitar a la humanidad a las peleas, controversias y conflictos apasionados. Una parte importante del trabajo del hombre y de los seres que lo asisten, es disipar esta entidad por medio de la generación de fuerzas de carácter positivo.
            Cada pensamiento enviado a la atmósfera, cargado de amor, paz y armonía es una ayuda en la ejecución de esta tarea. Ante semejante fuerza constructiva masiva las entidades negativas retroceden y se desvanecen, tal como la luz del Sol disipa las tinieblas.
            A la luz de este conocimiento, el hombre puede dirigir más sabiamente su destino. Conocimiento es poder. Conociendo la naturaleza de las fuerzas que actúan sobre él, puede a conciencia y deliberadamente utilizarlas para su beneficio. Las fuerzas Luciferinas están sujetas a este control y pueden ser transmutadas en poderes que proporcionan luz espiritual.
            Así como los sabios de la tierra laboraron durante años para preparar la venida de Cristo, Así también Cristo estuvo preparando durante varios períodos al sistema para su trabajo redentor. El trabaja con los planetas no solo desde el Centro Solar del que El es el Logos que preside, sino de una manera más directa e inmediata entrando en la vida de cada planeta, uno tras otro, infundiéndoles el mismo espíritu de Su Ser y poniéndolos a SU tono cada uno de acuerdo a su capacidad de recibir. Los habitantes de la Tierra y de Marte habían cristalizado tanto las condiciones bajo las cuales vivían, mucho más que otras oleadas de vida de otros planetas, a tal punto que el trabajo redentor era urgente en estas dos esferas enlazadas por el deseo. Si hubiera continuado esta tendencia a la cristalización sin una medida que la detuviera, la limitación de la materia hubiera alcanzado un nivel en el que la evolución se hubiera hecho imposible. La humanidad de la tierra no hubiera podido seguir su curso ni alcanzar su objetivo en este Día de Manifestación. Lo mismo era verdad con los Marcianos. Cósmicamente tal fue la situación que Cristo voluntariamente quiso corregir. El está literalmente dando Su Vida para esta realización.
            De lo dicho, es claro que Su trabajo redentor es una actividad permanente. Las radiaciones de la fuerza de Cristo fluyen sobre la Tierra rítmicamente y alcanza su punto máximo en el Solsticio de Invierno. La humanidad reconoce este espíritu  amoroso y lo celebra como el nacimiento de Cristo. Durante esta época la humanidad es tocada por el invisible poder del amor de este Gran Ser que se sacrifica para que todos podamos elevar nuestra conciencia de las limitaciones y encontrar la libertad del espíritu y la vida eterna. La salvación de Cristo no libera al hombre de afrontar las consecuencias de sus errados actos, sino que le ofrece una oportunidad de enmendar sus errores pasados y le crea las condiciones para que pueda adelantar y cumplir su destino. El Señor del Amor no anula la ley;¸la cumple.
            El descenso de la humanidad alcanzó su punto culminante cuando la civilización Romana dominó Europa. La mayoría de las Escuelas de Misterios habían perdido contacto directo con la Luz del Logos Solar. En esa hora crucial Cristo vino y habitó en el cuerpo del hombre y de la tierra para efectuar Su trabajo desde adentro y no desde afuera como lo venía haciendo. Así que se encarnó en el Maestro Jesús y se convirtió en el Regente de la Tierra. Con cada venida le resulta al hombre más fácil su perfeccionamiento. El período de la primera guerra mundial desintegró las formas que se habían hecho rígidas e inútiles. Por eso Cristo decía que El venía a traer una espada, para destruir las limitaciones y restricciones de la materialidad.

           


La Redención de los Luciferes

            El período de la primera guerra Mundial tuvo un efecto desintegrante sobre la humanidad. Marcó una etapa en la evolución de los Luciferes. El hombre se hizo más apto para la purificación por medio de la Luz Blanca de Cristo. Los Luciferes comenzaron a volver sobre sus pasos. Ellos van hacia el cielo que perdieron. Pero no todos. Lo mismo sucede con ellos que con la humanidad. Algunos han desertado y se han enrolado de nuevo bajo la bandera de CRISTO. La radicación y la belleza de los Luciferes redimidos es indescriptible. Su aura rojo-dorada, ha sido purificada de sus deseos fogosos gracias a la infusión del poder sublimante de Cristo. Su fuerza transmutada formará el rubí, una gema de brillo no menor que el diamante. Ambos reflejan igualmente la luz.
            Los Luciferes redimidos están ejerciendo una influencia poderosa para bien de sus hermanos no regenerados y de la raza humana que ellos desviaron. Portadores de la luz fueron cuando indujeron al hombre a comer del árbol del conocimiento. Portadores de luz son hoy a medida que le brindan al hombre más de ese fruto. El conocimiento inicial fue prematuro. La humanidad no fue capaz de usarlo sabiamente. Ahora los Luciferes redimidos trabajan para corregir sus errores sirviéndole al hombre. Enseñándole a transmutar la pasión en compasión y cambiando el camino de la muerte por el camino de la vida. Los cuatro Angeles del Destino, Tauro, Escorpión, Leo y Acuario, trabajan estrechamente con los Luciferes en sus esfuerzos por restaurar su elevado estado antes de la caída. Escorpión y Leo le ayudan a la transmutación, Tauro a la liquidación de sus desudas y Acuario a fortalecer la compasión bajo la cual los deseos se transforman en poderes del espíritu.
            Una vez que los Luciferes machen todos del lado de Cristo, sus poderes vibrantes magnéticos se volverán canales de curación. El brillo rojo dorado de sus auras será recargado con el bálsamo del espíritu. Toda la vida de la tierra será bendecida con su trabajo. Este servicio de curación para toda la humanidad será de tal magnitud que ellos obtendrán el retorno al elevado puesto en el reino angélico que están destinados a ocupar.
            Las radiaciones curativas de los Luciferes se manifestarán bajo el suave verde, complementario del rojo. Las leyendas del Santo Grial informan que la Santa Copa fue despojada de la gran esmeralda que era la única piedra de la corona de Lucifer antes de su caída, cuando fue herido por la espada de Miguel. Fue la luz de esta joya celeste en la cabeza de Lucifer lo que le dio el título de “Luz y estrella de la mañana”. Lucifer y sus huestes recuperarán la corona perdida para transformar sus maravillosos poderes en un depósito de curación capaz de ayudar y bendecir a las dolientes criaturas de la Tierra.-


ASOCIACION INTERNACIONAL DE CRISTIANOS
MISTICOS MAX HEINDEL
Calle Colombres 2113 – Barrio Lomas de San Martín
5008 – Córdoba – Argentina
e-mail: cristianosmisticos@argentina.com

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Aporte del Sr. Raúl Sasia, que agradecemos.

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viernes, 23 de marzo de 2012

LA BIBLIA, EL MARAVILLOSO LIBRO DE LAS ÉPOCAS






LA BIBLIA, EL MARAVILLOSO LIBRO
DE LAS ÉPOCAS

Por
Corinne Heline




Título del original en inglés:

THE BIBLE, WONDER BOOK OF THE AGES.
Traducción por:

José Mejía R.
Quito, Ecuador, 2008

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PUNTOS IMPORTANTES INICIÁTICOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO - PARTE I



PARTE I:

PUNTOS IMPORTANTES INICIÁTICOS
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO




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PREFACIO





PREFACIO


La Biblia es el prodigioso libro de las épocas. Sus páginas
encierran un mensaje para toda alma anhelante, sin importar en qué
parte del camino de la realización se halle. Hay esperanza, consuelo e inspiración para las mentes más estrechas y tradicionales, a la vez
que hay palabras portentosas y de luz para el intelecto más liberal e
inquisitivo. En ella encuentra consuelo y enseñanzas el más simple y la doctrina cósmica más exaltada el más elevado iniciado que este
planeta sea capaz de originar.


Es un error decir que la Biblia no es nada más que un libro
antiguo perteneciente a un pasado de hace dos mil años. La Biblia es un libro de misterios, un sapiente libro de enorme poder, un código continuo vigente creado por grandes iniciados y sus discípulos a través de miles de años de esfuerzos. Pertenece por igual al pasado, al presente y al futuro.


Sus secretos se han colocado tan cuidadosamente en el texto
bíblico, espiral dentro de espiral, de tal manera que cuanto más
espiritual se hace el hombre, más profundos significados se le
revelan.


Como está escrito en el Zohar, “¡Desafortunado el hombre que
solamente ve en el Tora (la Ley) simples recitales de palabras

comunes!... Cada palabra del Tora contiene elevados significados y
misterios sublimes… El incauto solamente toma en cuenta las
vestiduras, y los versos de Tora… Pero el más instruido no toma en
cuenta el ropaje sino el cuerpo en el que está envuelto.”

La Biblia le acompañará al hombre a las mismas puertas de la
Nueva Era, en donde descubrirá que aquellas páginas revelan un
concepto enteramente nuevo de los misterios de la vida espiritual, ya que este maravilloso libro es el verdadero Libro de la Vida sobre el cual se basarán las ciencias del alma de la Nueva Era Acuariana.

Cuando se lee la historia de la Biblia a la luz de las
interpretaciones de la Nueva Era, donde se relaciona a todos los
personajes y acontecimientos con el ser humano en particular, para
que esas cualidades y atributos sean ya cultivados, ya erradicados,
ocurre que las Escrituras se convierten en PALABRA VIVA, aplicable inmediatamente a los problemas personales actuales de la vida diaria. Entonces los aspectos históricos retroceden a un segundo plano. La Biblia deja de ser un texto de un pasado muerto y diferente y se convierte en la guía de un presente vivo y palpitante.

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ABRAHAM, EL MODELO CÓSMICO PARA EL HOMBRE DE LA QUINTA RAZA RAÍZ. - CAPÍTULO I:









CAPÍTULO I:


ABRAHAM, EL MODELO CÓSMICO PARA EL
HOMBRE DE LA QUINTA RAZA RAÍZ.


Abraham, cuyo nombre significa “padre de las multitudes”, fue el
primero de los maestros iniciados enviados a la nueva Quinta Raza
Raíz que pobló la Tierra luego de la destrucción en el Diluvio del
Continente Atlántico. Partió de Ur, la ciudad de la “luz” y se estableció en Harán “un lugar alto”. Sara y Lot viajaron con él. Sara significa “princesa” y representa el principio femenino o de amor y Lot, identificado principalmente con Sodoma, significa la naturaleza inferior.


Abraham peregrina así hacia la nueva tierra acompañado tanto por
los elementos superiores como por los inferiores en su naturaleza
interior.


Abraham, cual adalid, representa astrológicamente a Saturno,
quien preside en el principio de la manifestación y cuyas fuerzas
moldean la forma de la sustancia que emerge del Caos.


Al espiritualmente bien ilustrado siempre se le ha asegurado que
cada lugar mencionado en la Biblia es aquí y ahora, y que cada
persona mencionada es usted, usted mismo. Así, por ejemplo, las
dos esposas de Abraham, Sara y Agar, tipifican respectivamente las
naturalezas superior e inferior del hombre, y los dos hijos que tuvieron,



representan los atributos y obras resultantes de las actividades de
estas dos naturalezas opuestas en el hombre. Agar y su hijo Ismael,
personifican el ser inferior y Sara y su hijo Isaac, caracterizan el
superior. El nombre Isaac significa alegría, la alegría que le viene al
más alto ego con la vida verdadera.


A Abraham se le conoció inicialmente como Abram y a su
esposa como Saray. Luego de la primera iniciación de Abraham, la
letra H se incluyó en sus nombres. La H, una letra femenina, cuando se añadió a los nombre de Abram y de Sara, (1) indicaba que ellos habían despertado en su interior el principio femenino o intuitivo.  El despertar de este principio da origen a Isaac, que en el presente contexto significa la alegría de las experiencias anímicas al establecer correspondencias rectas y armoniosas con la Súper - Alma.


(1) Sarah en inglés. (N. del T.)



Abraham personifica lo que podría llamarse el Arquetipo de la
Quinta Raza Raíz. Por tanto los principales eventos que ocurrieron en su vida, como se relatan en la Biblia, deben ser imitados en su
significado esencial por todo individuo que pertenece a esta presente Raza Raíz Ariana.


Tan elevado logro espiritual le permitió a Abraham comunicarse
cara a cara con el mismo Señor de los Cielos. Sin embargo, cuanto
más asciende el alma, más sutiles son las tentaciones y más severas
las pruebas y juicios que hay que encarar y superar. Tan así que
“muchos retrocedieron y no caminaron más con Cristo”. En su
progreso espiritual Abraham finalmente enfrentó una de las mayores pruebas en el Camino Iniciático, la denominada Gran Renunciación.


De esta manera se lee en Génesis 22: 7-12:


“Dijo Isaac a su padre: Padre mío, y él respondió: ¿Qué quieres hijo? Veo, dice, el fuego y la leña; pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? A lo que respondió Abraham: Hijo mío, el Señor sabrá proveerse de cordero para el holocausto. Continuaron pues, juntos su camino. Y luego llegaron al lugar que el Señor le había mostrado, donde erigió un altar y acomodó encima la leña. Y, habiendo atado a Isaac, su hijo, púsole en el altar sobre el montón de leña; Y extendió la mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.

Cuando he aquí que, de repente, el ángel del Señor gritó desde el cielo, diciendo: “Abraham, Abraham”. Aquí me tienes, respondió él. ‘No extiendas tu mano sobre el muchacho’, prosiguió el ángel, ‘ni le hagas daño alguno: que ahora me doy por satisfecho de que temes a Dios, pues no has perdonado a tu hijo único por amor de mí”.


 Este pasaje revela el completo vencimiento de Abraham a su
propio yo. Tuvo la voluntad, el coraje y la fortaleza de llevar a cabo
con éxito la prueba. Al hacerlo abrió la puerta a un efluvio de poder y de iluminación apenas soñado por aquellos que no han sido probados y juzgados. Tenía una incontrovertible fe para obedecer las órdenes del Señor (la ley) a cualquier costo. Ese es el camino de la persona calificada para tomar parte en los grandes planes de Dios para el hombre. La sentencia de Cristo que “aquel que encontró su vida, la perderá; y aquel que perdió su vida por mi causa, la encontrará” es una enseñanza del Templo perteneciente a todas las eras.


Nuevamente en Génesis 22:13 leemos:


“Alzó Abraham los ojos y vio detrás de sí un carnero enredado por las astas en un zarzal, y habiéndole cogido, lo ofreció en Holocausto en vez de su hijo.”


El carnero es el símbolo de Aries. Este signo fue denominado
por los ancianos “el cordero de la presentación”. En su aspecto
superior, las palabras claves para Aries son la pureza, el servicio y el sacrificio. Este es un signo de resurrección. Piscis, el último signo del Zodiaco, es el lugar del pesar, el jardín de las lágrimas, el Getsemaní en el camino. Sus puertas se cierran, pero solo para abrirse al primer signo zodiacal Aries, anunciando la llegada del recién nacido. Finalmente Abraham había llegado a este estado en su desarrollo iniciático.


Una de las supremas experiencias espirituales en la vida de
Abraham fue su encuentro con Melquisedec, que era uno de los más grandes maestros Hierofantes del mundo, Era uno de los principales Altos Sacerdotes de de la Atlántida y Maestro de aquellos individuos remanentes que sobrevivieron a la destrucción de la Atlántida por el Diluvio. Noé y su familia son los nombres genéricos de aquellos sobrevivientes.



Melquisedec le confirió a Abraham las profundas enseñanzas

espirituales que más tarde se divulgaron en el mundo cristiano como la misa de Cristo, que la cristiandad ortodoxa la denomina la Sagrada Comunión.


Durante sus tres años de ministerio sobre la Tierra, nuestro
Señor Cristo dio a sus discípulos más avanzados una versión superior de esta misma sublime enseñanza. Una más alta revelación de este misterio sagrado llegará a ser fundamental en las enseñanzas y ritos de la religión de la Nueva Era Acuariana.


“Pasadas, pues, estas cosas, habló el Señor a Abraham en una visióndiciendo: No temas Abraham, Yo soy tu protector, y tu galardón será sobremanera grande. A lo que respondió Abraham: ¡Oh Señor Dios!, ¿Y qué es lo que me has de dar? Yo me voy sin hijos y el heredero de mi casa será Eliécer el damasceno.” Génesis 15: 1,2.


Luego del encuentro entre Abraham y Melquisedec, el Señor se
le apareció en una visión. Entonces le preguntó al Señor:


“¿Y qué es lo que me has de dar? Yo me voy sin hijos y el heredero de mi casa es este Eliécer de Damasco".


La pregunta guarda la clave al entendimiento de uno de los
capítulos más ocultos de la Biblia. Para interpretarlo en suma: el
nombre Eliécer significa “la ayuda de Dios” y simboliza el despertar de los poderes del Ser Divino interno. Eliécer es el piadoso y fiel mayordomo de la casa de Abraham, lo que aquí representa el cuerpo. Es de Damasco, una ciudad que en simbología bíblica constituye un centro de iluminación y un lugar donde las flores están en lozanía perpetua. Privado de descendencia hasta ese momento, Abraham le pregunta al Señor qué debe hacer, puesto que siente que tiene a su Dios interno como un espíritu de luz y que su alma está en heredad de sus atributos y facultades personales.


Ésta experiencia producida en los planos internos confirma que
su encuentro con el Señor fue en una VISIÓN. Además la promesa
hecha a Abraham por el Señor de que el heredero que percibió
nacería desde sus propias “entrañas”, o su ser interior denota el
aspecto espiritual de dicha experiencia. Su descendencia espiritual iba a ser tan numerosa como las mismas estrellas en el cielo. Abraham creyó sin embargo, que la “mente mortal”, los sentidos físicos, la parte incrédula del hombre, cedería el espacio a la percepción clara de su alma de la verdad en los planos de conciencia a los cuales ya había ascendido.



El Señor también le prometió a Abraham que le daría a su
descendencia la tierra que se extiende “desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Eufrates”. Abraham entonces preguntó cómo sabría que aquella habría de ser su descendencia. El Señor le respondió enigmáticamente: “Escógeme una novilla de tres años, una cabra de tres años y un carnero de tres años y una tórtola y un pichón” (Génesis 15:9).


Así lo hizo. Mas éste no fue un sacrificio sanguinario al que se
vio avocado a ejecutar. Toda la experiencia relatada en este capítulo ocurrió en un nivel superfísico y si se quiere aprehender sus significados internos en su más mínimo grado, las palabras que lo describen deben ser consideradas en términos simbólicos. Siempre debe recordarse que las verdades espirituales más profundas nunca se han compelido a ser escritas sino más bien transmitidas verbalmente desde el Maestro al discípulo en conformidad con el entendimiento y méritos de este último. En lo que se refiere a que están o puedan ser transcriptas, los símbolos y códigos diversos deben traducir de la mejor manera aquello que las palabras no pueden hacerlo por sí mismas.


Ello es así, puesto que dichas referencias escritas son
confeccionadas para las más exaltadas experiencias del alma, y por
su misma naturaleza son para todos de carácter oscuro y enigmático, excepto para aquellos que han conseguido un estado de consciencia que penetra en el alma de las cosas y posibilitan observaciones y corroboraciones enteramente nuevas. Cuando se lee la Biblia a la luz del contenido esotérico, los ceremoniales de los fogosos religiosos exotéricos no son sino las fracciones mutiladas de los augustos rituales que se encuentran en ella.


Regresando al tema del sacrificio animal, no fue realmente esa
la ofrenda de Abraham. Las “alas que el alma forja para una
ascensión elevada” no se construyen desde la agonía y muerte de
cualquier cosa viviente, sino mediante la simpatía, compasión y un
incluyente y unificante amor que abarca a todas las criaturas de Dios, desde la mayor hasta la más pequeña. Esa es la única manera de formar las cualidades internas del alma requeridas para que un
Iniciado como Abraham haya alcanzado una realización superior.



Apliquemos la clave astrológica a los sacrificios que se le
ordenaron a Abraham. La becerra es un símbolo de Tauro y su
sacrificio significa renunciación a todos los deseos básicos y al amor egoísta. La cabra es el símbolo de Capricornio y significa el sacrificio del poder mundano y de la ambición. El carnero es el símbolo de Aries y representa la resurrección de los poderes vitales por medio de la castidad y de la transmutación. La tórtola y el pichón son símbolos de Libra, la Balanza, y se refieren a las experiencias sutiles que prueban la sensatez en este estado de realización.

Debe también notarse que el sacrificio de Abraham se hizo en
Mambré que quiere decir fortaleza y cerca de Hebrón que significa
unidad.

“Y al ponerse el sol, un pesado sueño sorprendió a Abraham; y
apoderose de él un pavor grande. Entonces le fue dicho: Sabe desde ahora que tus descendientes han de vivir peregrinos en tierra ajena, donde las reducirán a esclavitud, y afligirlos han por espacio de cuatrocientos años” – Génesis 15:12,13.

Este es un bosquejo de todo lo que se puede dar a conocer
públicamente en lo que concierne al proceso de cierta Iniciación.
Describe el éxtasis del espíritu al que le acompaña “la gran oscuridad”. Cuando Abraham perdió la conciencia en el plano físico, estuvo despierto en los reinos etéricos o internos. Entonces leyó en cuadros cósmicos en el Libro de los Recuerdos de Dios, los acontecimientos futuros conectados con las gentes de Aries para las que se preparó para liderarlas. La simiente de Abraham, los frutos del espíritu, no están en su morada mientras permanecen en la Tierra. Ellos son desconocidos, son pasajeros y al servicio de la materia y sujetos a sus limitaciones hasta que el cuaternario inferior de la forma (400 años) ha sido trascendido por el poder triuno del espíritu.

“Y puesto ya el sol, sobrevino una obscuridad tenebrosa, y apareció un horno humeando y una llama de fuego que atravesaba por entre esos trozos.”- Génesis 15: 17.

El calor, el humo y el fuego son inseparables en los procesos de
depuración que llevan a la Iluminación. Está muy claro que Abraham pasó a través del “crisol” exitosamente y se calificó para un servicio más alto, luego de la alianza que celebró con el Señor “el mismo día”, el cual le dijo: “A tu posteridad le daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el gran río, el Eufrates.”

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