miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Sendero del Discípulo


Capítulo XIX
El Sendero del Discípulo


El Solsticio de Invierno y la Iluminación Pentecostal


Según el Sol alcanza su posición más elevada un su declinación hacia el Norte
en el Solsticio de Invierno, también por esa fecha es el tiempo en el cual el Sendero del
Discipulado se alza hasta el pináculo en el monte de la aspiración.

Durante las cuatro Estaciones de los Solsticios y Equinoccios, el Discípulo ha
aprendido mucho. El sabe que los miembros de una exaltada Fraternidad se reúnen en su
Templo Iniciático en cada uno de esos momentos para realizar un trabajo especial por la raza
humana, un trabajo en el cual pueden unirse con el nuevo Iniciado que el Discípulo aspira a
ser.

Tal como los grandes Maestros Constructores han hecho uso siempre de las
poderosas fuerzas liberadas en dichos períodos, dando al mundo piezas maestras inmortales.

Así, los Maestros de la Sabiduría en esas fechas han dado al Mundo las enseñanzas
espirituales que son eternas y, por ello, el Cristo envió el "Espíritu de Sabiduría" a Sus
Discípulos en la gran Iniciación conocida bíblicamente como la Fiesta de Pentecostés. En esa
ocasión la Gran Belleza y Visión traída a la Tierra por el Arcángel Uriel alcanza su más
perfecta expresión.

El centro del verano marca el momento perfecto del trabajo de la naturaleza
para fructificar; así también Pentecostés señala el finalizar de la evolución espiritual en el
Período Terrestre. El Señor Cristo fue el Señalador del Sendero y aquellos que caminaron
muy cerca de El por aquel camino fueron los doce inmortales; ellos, caminando tan cerca de
Sus pasos, trataron de alcanzar también para ellos aquel Reino de Consciencia Cristificada –
un estado más allá de cualquier división, discusión e inarmonía, donde experimentaron la
"Pluralidad del Uno y la Unidad del Todo". Inmersos en la consciencia de Cristo, los
Discípulos fueron capaces de aceptar la visión del mundo unificado y de una humanidad
unida. No hubo más para ellos la separatividad del pensamiento, de la palabra o de los
deseos. Dios lo fue todo. Vivieron, se movieron y tuvieron su ser completamente en El. Fue
este sentimiento de unidad el que les permitió comprender y hablar todas las lenguas. Los
secretos de Cielo y Tierra les fueron revelados y dijeron verdades de las cuales antes no
habían tenido comprensión. En esa suprema exaltación de la consciencia, ellos
comprendieron y demostraron para sí mismos lo que había dicho Cristo: "Yo estoy en el
Padre y el Padre es Uno conmigo".

El Discípulo debe aprender que ciertas fuerzas específicas son liberadas en
cada una de las cuatro Sagradas Estaciones; él llega a conocer también que esas fuerzas están
enfocadas directamente sobre sus correspondientes centros vitales del cuerpo. El despertar de
dichos centros constituye el trabajo del Discipulado y su completa madurez conduce a la
obtención de la Iniciación.

La fuerza que trabaja sobre el Cuerpo Etérico en el Equinoccio de Otoño es la
de la Purificación y afecta el santo canal central localizado en la base de la columna
vertebral. Aquí comienza el trabajo de la Regeneración.

En el Solsticio de Invierno la fuerza que está irradiando la Tierra y al hombre
es la fuerza del Amor por excelencia y es por entonces que esa fuerza se concentra sobre el
centro etérico en el corazón.

La fuerza que envuelve la Tierra en el Equinoccio de Primavera está en
resonancia con el Poder, pues se enfoca en el más elevado centro de fuerza en el cuerpo
humano, la laringe. Por intermedio de dicho órgano, la nueva Raza humana generará la
Divina Palabra Creativa.

Y, finalmente, la fuerza que envuelve la Tierra en el Solsticio de Verano es
una corriente radiante de luz, pues este es el Festival Sagrado de la Luz. Y es, entonces, que
la fuerza se centra en lo alto de la cabeza de cada Discípulo en esa primera y prototípica
Fiesta de Pentecostés.

Finalmente, les fue dado a los Discípulos el conocer por completo el
significado del Sacrificio Cósmico. Fueron levantados hasta la ígnea Consciencia Crística
para leer lo impreso en ese Mundo donde sólo reina Cristo. Allí vieron el intercambio de
ondas y entremezcla de las fuerzas cósmicas en el Ciclo Anual, Ascendente y Descendente,
del Cristo; el Descenso es en el Equinoccio de Otoño, el Ascenso en el Equinoccio de
Primavera; la consumación de los Solsticios. Ellos vieron como Su vida llegó a ser, en verdad
, la vida del planeta y del hombre. comprendieron sus palabras: "Yo Soy el pan de vida". "Yo
Soy la Luz del Mundo". Compren-dieron lo que quería decir cuando dijo: "Me ha sido dado
todo el Poder, tanto en la Tierra como en el Cielo".

Antes de aquello los Discípulos habían sido solamente hombres, a menudo
débiles y vacilantes, aunque siempre aspirantes. A partir de entonces ellos fueron hombres de
Cristo, sin reservas y como éstos se transformaron no sólo en Ciudadanos del Mundo – ¡Ellos
fueron, por la virtud del bautismo de Juan, Ciudadanos del Universo!

El Gran Misterio de Cristo es triuno. Primero está el Cristo en el Sol, llamado
el Cristo Cósmico, el cual es el Regente de todo el Sistema Solar. El es el poder detrás de
todas las grandes religiones mundiales: y debemos asumir también de cualquiera de las
religiones que puedan conocerse en los demás planetas de nuestro Sistema Solar. Segundo,
está el Rayo de Cristo que descendió a la Tierra en tiempos del Bautismo de Jesús por Juan
en el Jordán, quien en el instante de aquel día de Su sacrificio en el Gólgota se convirtió en el
Espíritu Planetario que habita dentro del Globo. Tercero, está aquel Cristo que debe nacer
dentro de cada hombre individualmente.

Este Misterio triple de los Cristos se correlaciona con el Misterio Triuno de
Dios o Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Cristo Cósmico es "uno con el Padre" o
Primer Aspecto de la Trinidad. Es aquel que nos muestra al Padre. El Rayo de Cristo, o el
Arcángel Cristo, que se incorporó a Jesús en el Bautismo es Cristo, el Hijo; mientras que el
Cristo interior representa la acción de Cristo como el Espíritu Santo y los tres son todos un
Misterio.

El Espíritu Santo ha sido la piedra de asiento de la iglesia de la Edad de Piscis;
la nueva Época Acuariana debe entender aún más Su trabajo y Su poder.

El siguiente paso importante en la evolución humana es el nacimiento del
Cristo Interno mediante la renovación de la mente. Son los dolores del parto de este
nacimiento del Tercer Aspecto de Cristo los que están ocasionando el malestar y tumulto del
día de hoy en el Mundo. Ningún hombre puede convertirse en pionero de la Nueva Raza
hasta tanto el Cristo haya nacido dentro de sí mismo. La llamada que el Espíritu Santo está
haciendo a todo el que quiera escuchar es la completa dedicación al Servicio del Cristo
Cósmico en pensamiento, palabra y obra. Sólo cuando haya efectuado esta dedicación sin
medida, aquel que vive y tiene su ser en el Cristo puede conocer las verdaderas maravillas de
la Fiesta de Pentecostés.

Así era la Fiesta del Solsticio en la Cristiandad primitiva; así es también hoy.

La Fiesta Suprema Espiritual de la Cristiandad sintonizada con la pureza y el Supremo Poder
del Cristo Ascendente, es una piedra resplandeciente en el camino del progreso humano, pues
señala el logro final con el cual la humanidad como un todo podrá eventualmente vencer.
En la clara visión de estas Fiestas, sus participantes ven el pasado y el futuro.

Ellos se reconocen como Guías del Sendero de las generaciones por venir y de que han
compartido un sublime Misterio que pertenece al futuro, un memorial de las edades, llevando
la marca de un eterno completamiento.

* * *

del libro "Portales Estelares"

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