miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Sendero del Neófito - Preparación y Discernimiento


Capítulo III

El Sendero del Neófito
Preparación y Discernimiento
En toda Escuela de Misterios hay tres clases especiales, Neófitos, Discípulos e
Iniciados. Pueden hacerse otras divisiones dentro de estos tres grupos, pero aquellas son las
tres básicas. El Neófito es una "planta nueva", que ya ha encontrado su camino hacia la
espiritual luz solar, pero que aún está lejos del momento en que pueda florecer. El Discípulo
es esa misma planta luego de haber alcanzado su crecimiento y madurez y está, por así
decirlo, echando fuera sus capullos, que sólo necesitan del calor del Sol para abrirse como
flores. El iniciado es la planta ya madura, aquel en la cual el Amor y la inteligencia han
florecido como poderes sobrenaturales. Se ha convertido en el Árbol de la Vida. Pero aún
entre los Iniciados existen muchas etapas de desenvolvimiento espiritual. No todos están en el
mismo nivel, pues existen nueve grados de Iniciación conducentes al Adeptado, la conquista
sobre la muerte, y luego de estos, las cuatro Grandes Iniciaciones que culminan con la Gran
Liberación.

El trabajo efectuado por cada individuo con y por medio del Cristo Cósmico
en las Cuatro Estaciones, depende de su propio grado de desenvolvimiento. Estas páginas
están escritas principalmente para la gran mayoría en casi todas las Escuelas de Misterios, los
dos grupos menos desarrollados, los Neófitos y los Discípulos. No existe una marcada línea
divisoria entre estos dos grupos. Para cada uno de ellos las Festividades tienen un significado
especial, pero existe un substrato universal de la verdad que es común a ambos. Así que no
puede decirse que los Misterios conocidos por el discípulo desplacen a los conocidos del
Neófito, solamente sucede que el Discípulo ve más profundamente en el abismo de la Verdad
según sube más alto. El Discípulo no deja detrás sus lecciones aprendidas como Neófito, pues
éstas eran contenidas en sus anteriores experiencias, como el brote está contenido en la flor.

No obstante, en cada una de estas secciones vamos a tomar primero la parte
del Neófito en los Festivales Sagrados y luego la del Discípulo, pero queda sobrentendido
que ambas partes se hacen necesarias para comprenderlas como un todo.

El Neófito comprende, como lo hace el Discípulo, que el Equinoccio de Otoño
es la Crucifixión del Espíritu del Sol y no lo confunde con el ritual ortodoxo del Equinoccio
Vernal, que conmemora la histórica crucifixión del Iniciado Jesús Cristo. Según mantiene
dentro de sí un retrato viviente del Sol Espiritual en Su relación con la Tierra y la humanidad
terrestre, va llegando a una vívida comprensión de la unidad de toda vida, expresada
plenamente en el refrán: " Un sólo mundo, o nada". El percibe no sólo intelectualmente la
interdependencia de la vida sobre el planeta, sino que la siente intensamente como una
profunda experiencia personal dentro de su alma - conciencia y se esfuerza entonces por
vivir de acuerdo con ella.

Desde la época del Equinoccio de Otoño hasta el Equinoccio de Primavera, el
Glorioso Sol Espiritual está muy próximo a la Tierra, sacrificando Su Libertad Solar para que
podamos tener Vida. Aunque para muchas almas sensitivas este sacrificio fluye con tristeza
sobre la Tierra, con una melancolía atribuida a causas físicas solamente, es una fuente de
profundo regocijo interior para aquellos que conocen su desempeño final.

Muchos poetas han respondido, más o menos conscientemente, a estas
verdades ocultas y rindieron amoroso tributo tanto a la gloria como a la melancólica tristeza
del Otoño. Longfellow escribió que el Otoño era la época cuando el aire estaba lleno con
"una ensoñadora y mágica luz", cuando el gran Sol miraba hacia abajo "con su ojo amoroso a
través de los dorados vapores que lo rodean".

Y otros poetas cantaron:

¡Divino Otoño! ¿Quién te pintará mejor?

¿Quién adivinará tu indudable corona,
Tu favorecida cimera?

Y en su poema titulado "Verano Indio" Lucy Larcom, una poetisa poco leída
por la presente generación, nombró algunas de las verdaderas glorias espirituales del Otoño
en estos preciosos versos:

A sus funerales el año llega,
No con lamentos y angustias – como mortales–
Mas, para guiarlo en su camino a ello,
Los árboles, todos, encendiéronse en antorchas.

Entonces las hojas comienzan todas a caer, despacio y suavemente, como
grandes lágrimas doradas y purpúreas, como también otro poeta dijo. Y la música que es
emitida por las Jerarquías Celestiales está entonada en acorde menor, ajustada a los ritmos de
la Cruz y el Calvario. La canción ha enmudecido, y el aire, fragante, está lleno de una
amorosa luminosidad como de lágrimas contenidas.

Durante los cuatro días de intervalo del equinoccio de Otoño, la Tierra es
elevada más cerca del cielo – o el cielo se aproxima más a ella: espiritualmente es la misma
cosa. El hombre entra en comunión con los Ángeles y es mucho más fácil para el Neófito
entrar por el Sendero angosto y directo, que seguido con determinación hasta el final,
conduce a la Luz de la Estrella del Nacimiento de Cristo, en la gozosa Estación de la
Navidad. Aquí las Fuerzas de Libra mantienen la balanza entre la carne y el espíritu,
demandando que el aspirante abandone el hombre ilusorio inferior y se alinee con el
verdadero hombre superior, que ha estado solitario en su búsqueda de la Paz que sobrepasa
todo entendimiento.

El Equinoccio de Otoño tiene lugar cuando el Sol entra en Libra, el signo de
las balanzas. Como revela el simbolismo del signo, es el tiempo de sopesar, de medir para
determinar valores; es un tiempo de decisiones. La alternativa que confronta el alma es
representada por los signos de la derecha y de la izquierda de Libra. A la derecha está Virgo,
la Virgen, representativa del principio femenino del hombre; esto es, los atributos de amor,
esperanza, fe y otros como estos. A la izquierda está Escorpio, el escorpión, representativo
del camino de la carne que conduce a destrucción y muerte, a menos que las fuerzas de la
naturaleza inferior, la separatista personalidad, hayan sido transmutadas en poderes
espirituales. Una realización representada por el segundo emblema de Escorpio, el Águila.

Virgo representa la generación en su aspecto primordial como función espiritual que conduce
a regeneración. Escorpio simboliza la generación en su caída, que conduce a degeneración.

Michael, embajador del Sol, Hogar Cósmico del Cristo, está parado a la
derecha de la Virgen mientras que a la izquierda se colocan los poderes que pueden sacar al
hombre de su verdadero destino espiritual y mantenerlo prisionero de la Tierra. Aquí está
zodiacalmente representado el conflicto en la vida de la humanidad como un todo y en cada
miembro aislado de ésta. Una batalla que tuvo su comienzo con la "guerra en el Cielo" y ha
continuado como guerra sobre la Tierra y que será terminada por medio del Juicio Final.

El juicio es usualmente comprendido como teniendo lugar cuando el hombre
muere, o en su versión aumentada, llamada por los cristianos ortodoxos el Juicio Final — una
mala interpretación tanto de la operación de la Ley Cósmica como de las Escrituras Bíblicas.

El juicio es continuo, automático, sin escape; teniendo una relación especial con el
Equinoccio de Otoño, que es el momento de la cosecha de los frutos kármicos de siembras
pasadas y el tiempo para sembrar las semillas que tendrán fruto cuando ese nuevo punto sea
alcanzado el año siguiente.

Esotéricamente es tanto principio como fin, donde la cabeza y la cola de la
serpiente se encuentran. De ahí que, la Fiesta de la Cosecha se funde a grados imperceptibles
con la Fiesta de la Dedicación.

Y es así que, según las fuerzas naturales en el Equinoccio de Otoño se
equilibran bajo la influencia de Libra, las balanzas, el hombre es llamado a juicio.
Entonces es que las condiciones cósmicas inician el conflicto entre la naturaleza superior e
inferior, entre la luz y la sombra, Michael y el Dragón llegan a su más agudo enfoque.

Un llamado zodiacal se escucha desde la derecha y otra desde la izquierda. Queda en manos
de la humanidad decidir a dónde ir. Es libre para escoger. La exhortación ortodoxa familiar
que dice: "Hoy es el día de la Salvación" no tiene menos verdad, ni menor urgencia, cuando
es entendida a la luz de la doctrina esotérica.

* * *

del libro "Portales Estelares"

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